¿Debería dejar actuar a mi corazón o debería dejar que mi mente tomase la última decisión? ¿Debería creer que me echas de menos, que alguna vez piensas en mí, que aún queda un último resquicio de esperanza para nosotros; o debería pensar que ahora todo es diferente, que esta vez era la definitiva, que el tiempo pasa y que nada dura eternamente? ¿Hay alguien que sepa qué debería hacer? Y tú, ¿tú sabes qué debería hacer contigo? ¿O crees que lo sabes aún sabiendo que en el fondo eso no es lo que quieres? Quizá, quizá debería... No. ¿Para qué? ¿Para que mis días sean algo menos grises? Quizá. O quizá se vuelvan más negros. Es la angustia de lo insólito la que no me deja aclararme, la indecisión también, la impotencia de no saber... O de saber y no atreverse, de querer y no terminar de decidirse, de repetirse y reinventarse pero seguir parada en el mismo semáforo que lleva de color esperanza casi dos meses... ¿Qué es exactamente lo que me impide dar ese paso? ¿Es el miedo a la reacción? ¿Es el miedo a la huida? ¿Es el miedo a la contrarespuesta de esa frase que puede darme la vida? ¿Es el miedo a ti o es el miedo al cielo negro que cubre tu ciudad? Quizá es que simplemente soy un poco cobarde. Al igual que tú. Quizá los dos lo fuimos siempre un poco. (Y así nos fue, y así nos va, y así nos irá...). Cobardes por no querer admitir lo que ya sabíamos, cobardes por elegir el camino fácil pero no el que queríamos, cobardes por no saber redimirnos, por no saber volver, por no creer en los cuartos intentos, por pensar que el campeón es aquel que entrena una vez y que ya tiene el cielo ganado, por no saber que realmente detrás de todo eso hay miles de intentos fallidos hasta que, un día, el campeón se despierta con ganas de comerse el mundo y decide que ese semáforo ya lleva en verde demasiado tiempo y que hoy sí, que hoy es el día en el que regresamos, nos liberamos, sentimos y nos dejamos sentir.
sábado, 24 de octubre de 2015
jueves, 15 de octubre de 2015
| RUIDO |.
Hay mucho ruido en la calle últimamente. Y no me refiero a ese ruido al que estáis pensando. Me refiero al ruido que se va tejiendo en sus miradas, en sus pensamientos. Noto demasiadas sombras cuando voy caminando por los mismos pasadizos de siempre. Normalmente veo desolación, desesperación porque todo vaya bien, porque la vida no les juege una mala pasada, porque no haya nada malo esperando a la vuelta de la siguiente esquina. Cada paso que la gente da es como una pelea con la vida, un pulso de mala muerte jugado a las tantas de la mañana en la barra de un bar. De esos que están reñidos durante mucho tiempo a pesar de que todos ya saben cuál de los dos ganará la partida. De esos que la gente aconseja no jugar. De los que es mejor ni intentarlo porque sales muy mal herido. Pero vivan todos esos que lo intentan. (¡Vivan, joder! ¡Valientes!).
De todas formas, sigue habiendo mucho ruido en la calle. Ruido de ese que tapona los oídos y hace que quieras gritarle al primero que pasa, o a cualquier pared, con el único deseo de que alguien corra y te diga algo tan simple como "eh, tranqui, que todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque no lo sepan con seguridad. Aunque no puedan prometerte nada. Pero sienta bien y lo agradecemos por el mero hecho de intentarlo si quiera, porque ese ruido cala tan dentro que es difícil deshacerse de él cuerpo a cuerpo, con un solo alma.
El ser humano a veces es más solitario de lo que realmente debería. Porque somos seres sociales por naturaleza y un alma siempre va a necesitar otro a su vera. Quizá por eso nos empeñamos en buscar esa media naranja de la que tanto se habla. Medio melocotón prefiero decir yo. Pero, ¿qué hacer cuando creemos que nunca va a llegar, cuando mil veces al día nos repetimos "estoy mejor solo"? ¿Qué hacer entonces con ese puto ruido que nos invade a todos al menos una vez a la semana?
De todas formas, sigue habiendo mucho ruido en la calle. Ruido de ese que tapona los oídos y hace que quieras gritarle al primero que pasa, o a cualquier pared, con el único deseo de que alguien corra y te diga algo tan simple como "eh, tranqui, que todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque no lo sepan con seguridad. Aunque no puedan prometerte nada. Pero sienta bien y lo agradecemos por el mero hecho de intentarlo si quiera, porque ese ruido cala tan dentro que es difícil deshacerse de él cuerpo a cuerpo, con un solo alma.
El ser humano a veces es más solitario de lo que realmente debería. Porque somos seres sociales por naturaleza y un alma siempre va a necesitar otro a su vera. Quizá por eso nos empeñamos en buscar esa media naranja de la que tanto se habla. Medio melocotón prefiero decir yo. Pero, ¿qué hacer cuando creemos que nunca va a llegar, cuando mil veces al día nos repetimos "estoy mejor solo"? ¿Qué hacer entonces con ese puto ruido que nos invade a todos al menos una vez a la semana?
domingo, 27 de septiembre de 2015
Resaca de pensamientos con un poco de nostalgia.
No sé si hoy escribo porque realmente te echo de menos o porque, tristemente, me siento muy sola en esta noche de domingo. O en todo el día. Hoy es uno de esos domingos en los que me invade por completo la soledad y me dice que quiere ser mi mejor amiga. Es uno de esos domingos en los que la inspiración está un poco perezosa y se enfrenta a mis ganas de escribir (que son muchas y tienen más fuerza que nunca). El caso es que, a falta de hablar contigo, escribo mucho más que antes. Mi inspiración te quiere agradecer que no fuera lo que pudo ser porque, aunque yo esté bastante rota por dentro, todo esto me ha llevado a escribir. Dios, ¡cuánto he escrito! Es un poco triste ya que son cosas que tú jamás leerás o sabrás pero que, de una forma u otra, pienso que las escuchas. Aunque tan sólo sea en tus sueños más locos. En esos que te hacen levantarte con resaca de pensamientos. En esos que a veces confundes con pesadillas. Esos sueños que parecen no tener ni principio ni final, ni sentido ni lógica. Esos sueños... ¿Sabes que tú apareces en los míos? No sé cuál es la razón, pero lo haces. Me visitas mucho últimamente y, para mal o para bien, no sabes lo bien que me sienta saber de ti, volver a verte, poder sonreírte de nuevo... Aunque luego me despierte y sepa que todo eso no es más que un sueño que jamás se cumplirá. Espero que... Quiero decir... Pienso... Deseo... Agh. Lo siento, a veces mis palabras se atragantan al recordar todo esto. Sólo quería decir que... Ojalá tú también sueñes a veces conmigo, y comprendas que en realidad también me echas de menos; ojalá te invadan todos nuestros secretos, todas nuestras bromas, todos nuestros abrazos... Ojalá, y aunque sólo sea en sueños, te duela el estómago tanto como me duele a mí cada vez que te veo sonreír en los míos. Porque jamás una sonrisa me había transmitido tanto al mismo tiempo.
domingo, 20 de septiembre de 2015
(Te) Espero, quiero.
No. Lo siento, pero no. Espero que nadie te haga regresar tantas veces como lo he hecho yo. Espero que nadie te haga sentir tan cómodo con tan sólo unas caricias. Y tan tenso a la vez. Y tan tú. Espero que nadie sea tu nueva excepción a una regla.
No. Lo siento, pero no. Quiero ser única en tu vida. De alguna forma u otra, creo que siempre lo fui. O al menos eso es lo que mi yo interior, ese que aún te desea, quiere pensar. Y quiero que, si me alejas de tu vida, al menos me recuerdes así, como alguien especial. Quiero que, si no vuelves a mí, al menos tu estómago sienta un pinchazo cada vez que alguien diga mi nombre, cada vez que alguien te pregunte por mí. Y quiero que tú no sepas qué decir, porque aún sabrás que hay mucho en el tintero.
No. Lo siento, pero no. No quiero que haya ninguna otra que te haga sentir igual. Espero, y le rezo a la luna todos los días, por que no vaya otra a ocupar mi puesto. Espero, y le pido al sol nada más amenecer, que te cuide bien y te ayude a aclarar las ideas. Pero que casi todo lo hagas tú solito. Y que si alguna vez necesitas a alguien para aclararte aún más, allí estaré yo. Como antes, como siempre. Déjame ayudarte a decidir si esto es lo que realmente queremos, déjame pensar por ti, déjame decirte que todavía hay algo que tenemos pendiente y que yo lo tengo clavado en el pecho tanto como tú (o algo más). Déjame... Dejáme decirte, tocarte, hacerte, quererte. Pero no me dejes a secas. Ni a solas. Ni a sol ni a sombra. No me dejes. O regresas o vuelves... Y sí, sé que son sinónimos. Sé que no te doy muchas opciones, pero las que te doy son sinceras, son reales y son sanas. Y sé que todo esto es egoísta, y lo siento, pero no puedo evitar serlo cuando se trata de ti.
Y esto es así ahora, fue así antes y será así siempre. Y lo sabes.
No. Lo siento, pero no. Quiero ser única en tu vida. De alguna forma u otra, creo que siempre lo fui. O al menos eso es lo que mi yo interior, ese que aún te desea, quiere pensar. Y quiero que, si me alejas de tu vida, al menos me recuerdes así, como alguien especial. Quiero que,
No. Lo siento, pero no. No quiero que haya ninguna otra que te haga sentir igual. Espero, y le rezo a la luna todos los días, por que no vaya otra a ocupar mi puesto. Espero, y le pido al sol nada más amenecer, que te cuide bien y te ayude a aclarar las ideas. Pero que casi todo lo hagas tú solito. Y que si alguna vez necesitas a alguien para aclararte aún más, allí estaré yo. Como antes, como siempre. Déjame ayudarte a decidir si esto es lo que realmente queremos, déjame pensar por ti, déjame decirte que todavía hay algo que tenemos pendiente y que yo lo tengo clavado en el pecho tanto como tú (o algo más). Déjame... Dejáme decirte, tocarte, hacerte, quererte. Pero no me dejes a secas. Ni a solas. Ni a sol ni a sombra. No me dejes. O regresas o vuelves... Y sí, sé que son sinónimos. Sé que no te doy muchas opciones, pero las que te doy son sinceras, son reales y son sanas. Y sé que todo esto es egoísta, y lo siento, pero no puedo evitar serlo cuando se trata de ti.
Y esto es así ahora, fue así antes y será así siempre. Y lo sabes.
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