Mostrando entradas con la etiqueta Mi pequeña diosa interior. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi pequeña diosa interior. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de febrero de 2016

Prometo.

Eye Of The Tiger de Survivor sonando de fondo y una taza de café en la mano. Empieza a ser bueno eso de tener un objetivo, empieza a ser bueno eso de querer perseguir algo con muchas ganas. Bueno, supongo que siempre ha sido bueno. Y siempre lo será. Pero, joder, ¡cómo cuesta a veces no derrumbarse a mitad de camino! Cómo cuesta levantarse y seguir como si nada, cómo cuesta hacer frente a nuestros mayores miedos, cómo cuesta mirar cara a cara al fracaso, saludarle y decirle "hoy no, pero mañana tampoco". Pero es lo que tenemos que hacer: rechazarlo continuamente. Porque al menos yo, estoy muy cansada de encontrarme todos los días con él a la vuelta de la esquina, persiguiéndome, acechando en los recovecos más ocultos de mi mente, interviniendo en mis sueños hasta convertirlos en pesadillas... Y todo eso sin pedir permiso. Pero es que el miedo, el fracaso, la inseguridad... Todos ellos son así. Y es que es cierto eso de que el miedo es el peor (o de los peores) enemigos del ser humano. Porque están en nuestra vida sin que podamos evitarlo, desde que nacemos hasta que damos nuestro último suspiro. Y nos hacen perder tantísimas cosas que si te paras a contarlas, necesitarías otra vida. Es tan triste como real. Por eso necesitamos levantarnos y luchar todos los días contra esos monstruos de nuestras cabezas, y contra los que se esconden debajo de nuestra cama también. Contra todos y cada uno de ellos, hasta que de verdad nos sintamos más fuertes, más reales, más vivos que nunca. Y, ¿por qué no?, más poderosos, más seguros. Y yo, a día de hoy, prometo hacerlo. 

Prometo levantarme con la mejor de mis intenciones.
Prometo evitar todos los pensamientos negativos posibles que tenga a lo largo del día.
Prometo luchar y dar todo de mí en cada momento para estar cada día un poco más cerca de mi objetivo.
Prometo invertir cada granito de arena por muy pequeño que sea para acercarme a mis sueños.
Prometo disfrutar por el camino en la medida de lo posible.
Prometo tener prioridades.
Prometo pensar más en mí.
Prometo ser perfeccionista, ser ambiciosa, nunca conformarme con lo que está bien cuando puede ser mejor.
Pero, por encima de todas estas cosas, prometo sobre todo irme a dormir siempre con un sueño y sentir que cada noche que pasa estoy un pasito más cerca de él.

(Y espero que vosotros hagáis lo mismo. Nunca es tarde; y "ningun sueño es demasiado grande, ni ningún soñador demasiado pequeño").


jueves, 31 de diciembre de 2015

2015.

Un año más que pasa, que se va, que deja huella... Es increíble la velocidad con la que el tiempo ha decidido correr. Sin esperar a nadie, sin dar tiempo a asimilar nada. Mañana a estas horas todos seremos un poquito más distintos que hace un año. Mañana será hora de abrir la puerta con una actitud diferente a la de otras veces, de recapacitar, de pensar no dos sino tres veces antes de hablar o de actuar, de perdonarse a uno mismo y de olvidar todo lo que nos ahoga. Es hora de una nueva etapa, de nuevos comienzos, de nuevas oportunidades. Y sí, sé que todo esto suena muy a cliché, pero es que es así como yo siento la Nochevieja. Es asi como a mí me gusta celebrar este día: rodeada de los míos, con cierta melancolía en el ambiente, recordando a los que no están, brindando por lo que está por venir, quemando en la hoguera todo lo malo, dejándolo atrás, cambiando la cerradura para que todo aquello que se quiso ir en 2015 no pueda regresar en 2016. Este año ha sido bastante diferente al anterior. Se podría decir que ha sido peor, la verdad, pero prefiero no pensar más en ello. En todo lo que puedo pensar ahora es en dónde me llevará este nuevo año, en que de momento me transmite muy buenas cosas y un sueño nuevo por cumplir, y muchos otros por los que luchar más y más. Y es que cada día que pasa me siento un poco más fuerte que el anterior. Porque si algo ha hecho bien este 2015 es hacerme más fuerte, más luchadora, más campeona, más valiente, más decidida, más yo. Y de eso estoy más que orgullosa y creo que, a fin de cuentas, es lo que más importa. Ahora distingo aún mejor todo lo que quiero de lo que no pienso tolerar. Lo mismo con las personas. Ahora mis decisiones son más seguras, más claras, más importantes. Y todo lo que he hecho por y para mí ha sido bueno. Soy de las que pienso que nunca me arrepiento de nada porque en ese momento lo que hicimos, lo hicimos por algo. Y si tengo que nombrar alguna cosa... Diría que me arrepiento de no haber aclarado ciertas cosas que cada vez se quedan más atrás. Me arrepiento de no haberle echado más leña a nuestro fuego, del cual estoy segura aún quedan cenizas. Y es que no sé dónde me quedas tú ahora. Hace tiempo que dije que quería dejarte muy atrás. Ya sabes lo que dicen: año nuevo, vida nueva. Pero es que contigo todo siempre resulta un poco más difícil. Así pues... Que sea lo que tenga que ser y que la vida decida. Que nadie es más lista que ella, y que por mucho que queramos, no se la podemos jugar. Por lo demás, no me arrepiento de nada. Me quedo con todas las lecciones aprendidas en este 2015, que han sido muchas. Demasiadas. Todas de malos momentos. Pero supongo que algún año tiene que ser malo para poder aprender todo lo que yo he aprendido este año. Ahora ya sólo puedo ir hacia arriba, sólo puedo crecer. Y poner en práctica lo aprendido, y seguir aprendiendo. Y eso también es de lo más importante. Pero por supuesto que no todo ha sido malo; y los buenos recuerdos (muchas aventuras, muchas risas con gente de una gran confianza, retos cumplidos, fiestas celebradísimas, visitas inesperadas...) van a permanecer siempre conmigo también. Y que ganen los buenos a los malos en 2016. Y que gane la humanidad, la lealtad, la clase, la sinceridad y el respeto. Y que gane el amor, y que me acompañe en este 2016. Y que me acompañen esas personitas que tienen un rincón guardado en mi corazón, nó sólo por un año más sino para toda la vida (tanto las que he conocido este año, como las que llevan conmigo más de media vida).

¡Y gracias a todos los que habéis leído mis entradas durante este año! Seguiré escribiendo muy ilusionada, con muchas ganas, con muchas ideas en mi motor delantero. 

Os deseo una bonita celebración de Nochevieja y un MUY feliz año nuevo.

(A ponerlo en práctica este nuevo año...)


sábado, 12 de diciembre de 2015

"Tanto tiempo caminando y aún no sé dónde voy".

Últimamente siento que me cuesta más tragar saliva, que necesito hacer fuerza para poder respirar bien hondo, que el aire nunca es fresco y que los días cada vez son más largos. Es un sentimiento de asfixia, de impotencia, de sentir que nunca es suficiente (ni lo que das, ni lo que recibes), que por mucho que lo hayas intentado, hoy toca renunciar. Y así estoy. Así sigo: renunciando a todo lo que siempre he querido. Siento una opresión en el pecho y las lágrimas a punto de brotar cada vez que pienso un poco en todo lo que me rodea. No consigo concentrarme ni relajarme y por supuesto he fracasado en cualquier intento de fingir una sonrisa. No soy todo lo amable que debería y he rechazado cualquier apoyo o ayuda que me hayan ofrecido. Y no es que no lo agradezca, que lo hago. Pero es que siento que nadie consigue entenderme al cien por cien y, sinceramente, yo no tengo ni fuerza ni ganas de intentar explicarme. Porque no creo que eso fuera a cambiar nada. Porque, a decir verdad, no creo que hablar de ello vaya a hacerme sentir mejor. Me apetece gritar y desahogarme, sí, pero no creo que eso vaya a calmarme del todo, ni a solucionar mis problemas. Me da miedo explotar y poder llegar a hacer sentir mal a alguien, culpable de lo que pueda pasarme a mí. Me da pánico hacer sentir a alguien tan mal como yo me siento. Deseo todo lo contrario, deseo poder hacer sentir bien a todo aquel que lo necesite, pero es que a veces ni si quiera yo, que siempre estoy consolando a todo el mundo, tengo fuerzas para ello. A veces necesito que me consuelen a mí desinteresadamente, que se preocupen por mí incluso cuando les he rogado que me dejen tranquila. A veces necesito a alguien que rompa las reglas por mí, que se parta el cuello por hacerme feliz como yo lo haría por ellos. A veces simplemente necesito pensar que realmente hay alguien que puede llegar a comprenderme de verdad y que puede animarme de la misma forma en que yo lo haría. Pero aquí estoy, intentando desahogarme a mi manera (escribiendo), intentando que, al soltar estas palabras por aquí, mis problemas se hagan más pequeños y se los lleve este invierno que ahora se acerca. Aquí estoy, sola, buscando una forma en la que mis problemas no afecten a nadie más, buscando una solución para todo eso que me quema por dentro. Porque incluso con mi corazón desangrándose, con mis pulmones cansados y con mi alma magullada, quiero ser una guerrera. Y sé que soy más fuerte que todo esto y que hay mayores problemas en el mundo. Así que, aquí estoy... Esperando, deseando, soñando con que esta mala racha acabe pronto. Porque todo pasa y nada es permanente.