Un año más que pasa, que se va, que deja huella... Es increíble la velocidad con la que el tiempo ha decidido correr. Sin esperar a nadie, sin dar tiempo a asimilar nada. Mañana a estas horas todos seremos un poquito más distintos que hace un año. Mañana será hora de abrir la puerta con una actitud diferente a la de otras veces, de recapacitar, de pensar no dos sino tres veces antes de hablar o de actuar,
de perdonarse a uno mismo y de olvidar todo lo que nos ahoga. Es hora de una nueva etapa, de nuevos comienzos, de nuevas oportunidades. Y sí, sé que todo esto suena muy a cliché, pero es que es así como yo siento la Nochevieja. Es asi como a mí me gusta celebrar este día:
rodeada de los míos, con cierta melancolía en el ambiente, recordando a los que no están, brindando por lo que está por venir, quemando en la hoguera todo lo malo, dejándolo atrás, cambiando la cerradura para que todo aquello que se quiso ir en 2015 no pueda regresar en 2016. Este año ha sido bastante diferente al anterior. Se podría decir que ha sido peor, la verdad, pero prefiero no pensar más en ello. En todo lo que puedo pensar ahora es en dónde me llevará este nuevo año, en que de momento me transmite muy buenas cosas y un sueño nuevo por cumplir, y muchos otros por los que luchar más y más. Y es que cada día que pasa me siento un poco más fuerte que el anterior.
Porque si algo ha hecho bien este 2015 es hacerme más fuerte, más luchadora, más campeona, más valiente, más decidida, más yo. Y de eso estoy más que orgullosa y creo que, a fin de cuentas, es lo que más importa. Ahora distingo aún mejor todo lo que quiero de lo que no pienso tolerar. Lo mismo con las personas. Ahora mis decisiones son más seguras, más claras, más importantes. Y todo lo que he hecho por y para mí ha sido bueno. Soy de las que pienso que nunca me arrepiento de nada porque en ese momento lo que hicimos, lo hicimos por algo. Y si tengo que nombrar alguna cosa... Diría que me arrepiento de no haber aclarado ciertas cosas que cada vez se quedan más atrás.
Me arrepiento de no haberle echado más leña a nuestro fuego, del cual estoy segura aún quedan cenizas. Y es que no sé dónde me quedas tú ahora. Hace tiempo que dije que quería dejarte muy atrás. Ya sabes lo que dicen: año nuevo, vida nueva. Pero es que contigo todo siempre resulta un poco más difícil. Así pues... Que sea lo que tenga que ser y que la vida decida. Que nadie es más lista que ella, y que por mucho que queramos, no se la podemos jugar. Por lo demás, no me arrepiento de nada. Me quedo con todas las lecciones aprendidas en este 2015, que han sido muchas. Demasiadas. Todas de malos momentos. Pero supongo que algún año tiene que ser malo para poder aprender todo lo que yo he aprendido este año. Ahora ya sólo puedo ir hacia arriba, sólo puedo crecer. Y poner en práctica lo aprendido, y seguir aprendiendo. Y eso también es de lo más importante. Pero por supuesto que no todo ha sido malo; y los buenos recuerdos (muchas aventuras, muchas risas con gente de una gran confianza, retos cumplidos, fiestas celebradísimas, visitas inesperadas...) van a permanecer siempre conmigo también.
Y que ganen los buenos a los malos en 2016. Y que gane la humanidad, la lealtad, la clase, la sinceridad y el respeto. Y que gane el amor, y que me acompañe en este 2016. Y que me acompañen esas personitas que tienen un rincón guardado en mi corazón, nó sólo por un año más sino para toda la vida (tanto las que he conocido este año, como las que llevan conmigo más de media vida).
¡Y gracias a todos los que habéis leído mis entradas durante este año! Seguiré escribiendo muy ilusionada, con muchas ganas, con muchas ideas en mi motor delantero.
Os deseo una bonita celebración de Nochevieja y un MUY feliz año nuevo.
 |
| (A ponerlo en práctica este nuevo año...) |
No hay comentarios:
Publicar un comentario