Es patético, o mejor dicho, inútil empezar una vez más describiendo cuánto te echo de menos. Pero también inevitable. Por mucho que me duela admitirlo, aunque nunca lo grite en alto. Con el paso de los años, he terminado de darme cuenta que no por esconder lo que pensamos y lo que sentimos, va a desaparecer y va a ser menos real ese sentimiento. Por mucho que diga que ya te he olvidado, que ya no te echo de menos, no consigo sonar nunca del todo convincente para todos aquellos que me conocen bien. Y eso es sólo por una razón: porque no es verdad. Y yo nunca fui de mentir. Ni se me dio bien, ni me gustó. Por eso me cuesta tanto, y aún más si tiene que ver contigo. Porque tú (me) cuestas más, tú (me) dueles el doble, tú (me) matas lentamente. Tú, tú, tú. Siempre tú. La eterna excepción a cada regla existente. Al menos a todas las mías. El primer derecho de mi constitución. El sí que yo nunca podré negar. Ese eres tú. Tú, tú, tú. Siempre tú. Hasta cuando más me alejo, ahí sigues. Sin ni si quiera saberlo. Tú. Esa x que nunca conseguí despejar. Aunque, bueno, nunca se me dieron bien las mates. Siempre fui de letras. Por eso me tienes aquí escribiéndote otra vez. Haciéndote eterno de una forma u otra, y eso también me duele. Me da rabia. Yo regalándote mi alma, un trozo de mi mundo y tú cada vez despojándome más del tuyo. Como si no fuera nada. Hoy en día nos deshacemos de las personas como el que va a sacar la basura. Como algo rutinario, de lo más normal, buscando el bienestar de nuestra casa, la primavera de nuestra vida. Porque, hoy en día, no valoramos a las personas como realmentes se merecen. Y los pocos que lo hacemos, nos pasamos la vida sufriendo. Así estoy yo, ilusa incansable que lo da todo por todos, y que sólo recibe despedidas a cambio. Despedidas sin motivos, sin razones, sin ni si quiera una excusa que pueda aliviar mi alma. Que eso duele más aún. Por eso tú lo hiciste así. Porque tú, que dueles el doble, aún tenías que multiplicarte por dos y hacer todo a lo grande. Irte sin más. Como si nada. Como si la media vida que compartimos nunca fue del todo suficiente. Como si ya no fuera yo, y tú hubieras dejado de ser tú. Como, como... Sin comernos. Desde luego sin que yo te probase. Así te fuiste tú. Con las ganas a medias, con las cosas empezadas pero no terminadas, con todo "a punto de", con un "casi" en el aire, con un "tiempo al tiempo". Y aquí sigo yo, esperando a que ese tiempo se aclare y a que tú quieras comerme de nuevo. ¿Y tú? ¿Dónde estás tú? ¿Más cerca o cada vez más lejos?
miércoles, 23 de marzo de 2016
martes, 23 de febrero de 2016
Esos vaqueros igual de rotos que entonces.
Hacía un tiempo que no pensaba tanto en ti antes de dormir. Y me sentaba bien. Sin embargo, sin saber muy bien cómo ni porqué, hoy volví a caer. Volví a caer en esa red de pensamientos que llevan tu nombre, esos que son imposibles de desenredar. Más revoltosos que mis rizos. Mírame, perdida en tu laberinto. En ese que parece que creaste para mí. Dicen que todos los caminos llevan a Roma pero yo les digo que a mí, todos me llevan hasta ti. Y que no hay forma de escapar, aunque, a decir verdad, tampoco lo he intentando demasiado. El caso es que hoy volví a estar en el centro; por unos momentos, volví al principio. Y aunque no dolía tanto como el primer día, dolía bastante.
Hoy, cuando desperté, volví a pensar en ti. Llevé puestos esos vaqueros que tanto te gustaron en su día. Los volví a ver igual de rotos que entonces, aunque en aquellos momentos tú llenabas esos descosidos y me parecían el mejor escondite del mundo. Unos descosidos que sólo arreglabas tú, que sólo completabas tú. De la misma forma en que hacías conmigo. Hacía bastante tiempo que no me los ponía pero, por alguna razón, sentí esas ganas. Una mezcla entre felicidad, nostalgia y tristeza. Demasiados sentimientos para algo menos de doce horas. Eran mis favoritos antes de que tú los hicieras tuyos aquella noche. Y lo fueron aún más al día después, cuando supe a ciencia cierta que una parte de ti ya me pertenecía. Y lo fueron también aquella noche tiempo después en la que yo pensaba que ya te habías alejado lo suficientemente de mí para no volver a tocarlos. Pero lo hiciste. Y entonces supe que aquellos pantalones serían más tuyos que míos por el resto de mi vida. Es raro, y no sabría explicar muy bien el porqué, pero aún siento tus manos cuando los llevo. Quizá por eso actualmente también son de mis favoritos. Porque, aunque no te tenga a ti, ahora tengo esa parte de ti que me diste aquellas dos noches. Aún siento tu tacto, aún te siento a ti. Podría decir que aún siento tus caricias, aún siento el frío que tú hiciste desaparecer, aún siento los escalofríos que notaba sólo de tenerte tan cerca. Y aunque no sea real, aunque sólo sea una sensación, aunque no dure eternamente... Menos es nada, o eso dicen.
Hoy, cuando desperté, volví a pensar en ti. Llevé puestos esos vaqueros que tanto te gustaron en su día. Los volví a ver igual de rotos que entonces, aunque en aquellos momentos tú llenabas esos descosidos y me parecían el mejor escondite del mundo. Unos descosidos que sólo arreglabas tú, que sólo completabas tú. De la misma forma en que hacías conmigo. Hacía bastante tiempo que no me los ponía pero, por alguna razón, sentí esas ganas. Una mezcla entre felicidad, nostalgia y tristeza. Demasiados sentimientos para algo menos de doce horas. Eran mis favoritos antes de que tú los hicieras tuyos aquella noche. Y lo fueron aún más al día después, cuando supe a ciencia cierta que una parte de ti ya me pertenecía. Y lo fueron también aquella noche tiempo después en la que yo pensaba que ya te habías alejado lo suficientemente de mí para no volver a tocarlos. Pero lo hiciste. Y entonces supe que aquellos pantalones serían más tuyos que míos por el resto de mi vida. Es raro, y no sabría explicar muy bien el porqué, pero aún siento tus manos cuando los llevo. Quizá por eso actualmente también son de mis favoritos. Porque, aunque no te tenga a ti, ahora tengo esa parte de ti que me diste aquellas dos noches. Aún siento tu tacto, aún te siento a ti. Podría decir que aún siento tus caricias, aún siento el frío que tú hiciste desaparecer, aún siento los escalofríos que notaba sólo de tenerte tan cerca. Y aunque no sea real, aunque sólo sea una sensación, aunque no dure eternamente... Menos es nada, o eso dicen.
sábado, 13 de febrero de 2016
Prometo.
Eye Of The Tiger de Survivor sonando de fondo y una taza de café en la mano. Empieza a ser bueno eso de tener un objetivo, empieza a ser bueno eso de querer perseguir algo con muchas ganas. Bueno, supongo que siempre ha sido bueno. Y siempre lo será. Pero, joder, ¡cómo cuesta a veces no derrumbarse a mitad de camino! Cómo cuesta levantarse y seguir como si nada, cómo cuesta hacer frente a nuestros mayores miedos, cómo cuesta mirar cara a cara al fracaso, saludarle y decirle "hoy no, pero mañana tampoco". Pero es lo que tenemos que hacer: rechazarlo continuamente. Porque al menos yo, estoy muy cansada de encontrarme todos los días con él a la vuelta de la esquina, persiguiéndome, acechando en los recovecos más ocultos de mi mente, interviniendo en mis sueños hasta convertirlos en pesadillas... Y todo eso sin pedir permiso. Pero es que el miedo, el fracaso, la inseguridad... Todos ellos son así. Y es que es cierto eso de que el miedo es el peor (o de los peores) enemigos del ser humano. Porque están en nuestra vida sin que podamos evitarlo, desde que nacemos hasta que damos nuestro último suspiro. Y nos hacen perder tantísimas cosas que si te paras a contarlas, necesitarías otra vida. Es tan triste como real. Por eso necesitamos levantarnos y luchar todos los días contra esos monstruos de nuestras cabezas, y contra los que se esconden debajo de nuestra cama también. Contra todos y cada uno de ellos, hasta que de verdad nos sintamos más fuertes, más reales, más vivos que nunca. Y, ¿por qué no?, más poderosos, más seguros. Y yo, a día de hoy, prometo hacerlo.
(Y espero que vosotros hagáis lo mismo. Nunca es tarde; y "ningun sueño es demasiado grande, ni ningún soñador demasiado pequeño").
Prometo levantarme con la mejor de mis intenciones.
Prometo evitar todos los pensamientos negativos posibles que tenga a lo largo del día.
Prometo luchar y dar todo de mí en cada momento para estar cada día un poco más cerca de mi objetivo.
Prometo invertir cada granito de arena por muy pequeño que sea para acercarme a mis sueños.
Prometo disfrutar por el camino en la medida de lo posible.
Prometo tener prioridades.
Prometo pensar más en mí.
Prometo ser perfeccionista, ser ambiciosa, nunca conformarme con lo que está bien cuando puede ser mejor.
Pero, por encima de todas estas cosas, prometo sobre todo irme a dormir siempre con un sueño y sentir que cada noche que pasa estoy un pasito más cerca de él.
(Y espero que vosotros hagáis lo mismo. Nunca es tarde; y "ningun sueño es demasiado grande, ni ningún soñador demasiado pequeño").
domingo, 24 de enero de 2016
Por los que ya no pueden, por los que ya no están.
"Año nuevo, vida nueva" dije yo también. Es año nuevo, y, fíjate que yo pensaba que sería uno de los mejores de mi vida y sin embargo no podria haberlo empezado peor: dos pérdidas de esas sin despedida. Muy triste y muy doloroso pero tan cierto como que el agua cae del cielo. Además, por si no fuera poco, ha habido otras cuantas pérdidas aunque en este caso con despedida, con frialdad y con razones (pero con excusas también). Con muchas ganas de representar al orgullo y a la soberbia, y con pocas ganas de hablar en nombre del perdón, de los recuerdos y de la amistad. Qué cosas... Es año nuevo, y, fíjate que yo pensaba dejar muchísimas cosas atrás y lo único que hago es acompañarme cada día de una reminiscencia nueva. Como un impulso nervioso que me cuesta mucho rechazar, como esos regalos antiguos que te da pena guardar en ese baúl del trastero. ¡Y yo que creía que la hoguera de año nuevo haría todo el trabajo por mí...! Como si ella me debiese algo, como si no tuviese bastante con los deseos del resto del mundo. El caso es que no ha hecho ni la mitad de lo que le pedí. Resulta que todo está del revés, justo como yo no quería que estuviese. Porque para estar del revés ya tenía bastante conmigo misma. ¡Mierda! Yo, ilusa como ninguna, creí que algo valía con desearlo con mucha fuerza; que ya me tocaba descansar, que ya me tocaba recibir algo de amor y de felicidad. Yo, soñadora y esperanzada incluso en momentos propios de una tragedia de Shakespeare, sigo aquí. Sigo respirando. Sigo viviendo. Sigo dando todo de mí misma. Sigo luchando. Sigo intentando cambiar este nuevo año que me ofrece la vida, aunque sólo sea por los que ya no pueden. Ahora tengo que vivir también la vida de alguien que no pudo y que irradió alegría en todos sus días. Y eso me da fuerza, eso me da aún más esperanzas, más ganas de luchar. Incluso con todas las adversidades que parecen llamar a mi puerta hoy en día, lo haré por él. Lo haré por todos ellos. Y sobre todo por mí, porque aún me quedan once meses de este nuevo año para hacerlo uno fantástico, uno de los que se recuerdan diez años después con más alegría que pena. Porque sí, es verdad, es año nuevo. Estamos a Enero de 2016. Pero para mí, mi nuevo año, no empieza realmente hasta Febrero. Esperen y vean... Que entonces sí que llega lo bueno.
![]() |
| B r a v e |
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



