Hacía un tiempo que no pensaba tanto en ti antes de dormir. Y me sentaba bien. Sin embargo, sin saber muy bien cómo ni porqué, hoy volví a caer. Volví a caer en esa red de pensamientos que llevan tu nombre, esos que son imposibles de desenredar. Más revoltosos que mis rizos. Mírame, perdida en tu laberinto. En ese que parece que creaste para mí. Dicen que todos los caminos llevan a Roma pero yo les digo que a mí, todos me llevan hasta ti. Y que no hay forma de escapar, aunque, a decir verdad, tampoco lo he intentando demasiado. El caso es que hoy volví a estar en el centro; por unos momentos, volví al principio. Y aunque no dolía tanto como el primer día, dolía bastante.
Hoy, cuando desperté, volví a pensar en ti. Llevé puestos esos vaqueros que tanto te gustaron en su día. Los volví a ver igual de rotos que entonces, aunque en aquellos momentos tú llenabas esos descosidos y me parecían el mejor escondite del mundo. Unos descosidos que sólo arreglabas tú, que sólo completabas tú. De la misma forma en que hacías conmigo. Hacía bastante tiempo que no me los ponía pero, por alguna razón, sentí esas ganas. Una mezcla entre felicidad, nostalgia y tristeza. Demasiados sentimientos para algo menos de doce horas. Eran mis favoritos antes de que tú los hicieras tuyos aquella noche. Y lo fueron aún más al día después, cuando supe a ciencia cierta que una parte de ti ya me pertenecía. Y lo fueron también aquella noche tiempo después en la que yo pensaba que ya te habías alejado lo suficientemente de mí para no volver a tocarlos. Pero lo hiciste. Y entonces supe que aquellos pantalones serían más tuyos que míos por el resto de mi vida. Es raro, y no sabría explicar muy bien el porqué, pero aún siento tus manos cuando los llevo. Quizá por eso actualmente también son de mis favoritos. Porque, aunque no te tenga a ti, ahora tengo esa parte de ti que me diste aquellas dos noches. Aún siento tu tacto, aún te siento a ti. Podría decir que aún siento tus caricias, aún siento el frío que tú hiciste desaparecer, aún siento los escalofríos que notaba sólo de tenerte tan cerca. Y aunque no sea real, aunque sólo sea una sensación, aunque no dure eternamente... Menos es nada, o eso dicen.

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