miércoles, 23 de marzo de 2016

Aún dueles el doble. Dile a tu tiempo, que el mío está cansado de esperar.

Es patético, o mejor dicho, inútil empezar una vez más describiendo cuánto te echo de menos. Pero también inevitable. Por mucho que me duela admitirlo, aunque nunca lo grite en alto. Con el paso de los años, he terminado de darme cuenta que no por esconder lo que pensamos y lo que sentimos, va a desaparecer y va a ser menos real ese sentimiento. Por mucho que diga que ya te he olvidado, que ya no te echo de menos, no consigo sonar nunca del todo convincente para todos aquellos que me conocen bien. Y eso es sólo por una razón: porque no es verdad. Y yo nunca fui de mentir. Ni se me dio bien, ni me gustó. Por eso me cuesta tanto, y aún más si tiene que ver contigo. Porque tú (me) cuestas más, tú (me) dueles el doble, tú (me) matas lentamente. Tú, tú, tú. Siempre tú. La eterna excepción a cada regla existente. Al menos a todas las mías. El primer derecho de mi constitución. El que yo nunca podré negar. Ese eres tú. Tú, tú, tú. Siempre tú. Hasta cuando más me alejo, ahí sigues. Sin ni si quiera saberlo. Tú. Esa x que nunca conseguí despejar. Aunque, bueno, nunca se me dieron bien las mates. Siempre fui de letras. Por eso me tienes aquí escribiéndote otra vez. Haciéndote eterno de una forma u otra, y eso también me duele. Me da rabia. Yo regalándote mi alma, un trozo de mi mundo y tú cada vez despojándome más del tuyo. Como si no fuera nada. Hoy en día nos deshacemos de las personas como el que va a sacar la basura. Como algo rutinario, de lo más normal, buscando el bienestar de nuestra casa, la primavera de nuestra vida. Porque, hoy en día, no valoramos a las personas como realmentes se merecen. Y los pocos que lo hacemos, nos pasamos la vida sufriendo. Así estoy yo, ilusa incansable que lo da todo por todos, y que sólo recibe despedidas a cambio. Despedidas sin motivos, sin razones, sin ni si quiera una excusa que pueda aliviar mi alma. Que eso duele más aún. Por eso tú lo hiciste así. Porque tú, que dueles el doble, aún tenías que multiplicarte por dos y hacer todo a lo grande. Irte sin más. Como si nada. Como si la media vida que compartimos nunca fue del todo suficiente. Como si ya no fuera yo, y tú hubieras dejado de ser tú. Como, como... Sin comernos. Desde luego sin que yo te probase. Así te fuiste tú. Con las ganas a medias, con las cosas empezadas pero no terminadas, con todo "a punto de", con un "casi" en el aire, con un "tiempo al tiempo". Y aquí sigo yo, esperando a que ese tiempo se aclare y a que tú quieras comerme de nuevo. ¿Y tú? ¿Dónde estás tú? ¿Más cerca o cada vez más lejos?



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