viernes, 5 de diciembre de 2014

Time.

A veces le echamos la culpa al tiempo de nuestros problemas. El tiempo es una putada, la verdad. A veces necesitamos más de 24 horas al día aunque sólo sea para tumbarnos en el sofá. El tiempo siempre nos parece poco, corto, intenso, fugaz. Pero en el fondo, después de todo, somos nosotros los que a veces decidimos perderlo y dejarlo ir. El tiempo es maravilloso detrás de su fachada de amargura. El tiempo corre y avanza para poder curar muchas heridas abiertas, heridas que están a flor de piel aún. ¿Y cuántas veces el tiempo ha curado nuestras heridas y no se lo hemos agradecido? ¿Cuántas veces ha convertido en cicatrices de guerra las heridas de bala que aún sangraban? ¿Cuántas veces nos ha ayudado a superar trances? ¿Cuántas veces...? Veces. Muchas. Tiempo. Siempre hablando del tiempo. Es curioso que el ser humano, siendo el único capaz de poder contabilizar el tiempo, es el que más asustado está por él. Somos conscientes de que el tiempo pasa, del tiempo que nos queda (relativamente) y, aún así, nos asustamos y somos los que más lo perdemos. A ti, que ahora mismo estás leyendo esto... Espero que esta lectura te haya gustado porque has empleado unos 5 minutos de tu vida en leerla (lo cual agradezco de veras). Pero, ¿y si no te ha gustado? ¿Cuántas veces hemos hecho cosas sin fijarnos en que son unos minutos/horas/días perdidos? ¿Cuántas veces hemos desaprovechado una hora en hacer algo que no nos gusta en vez de salir ahí fuera y atrapar cada segundo que pasa? El tiempo no tiene la culpa de nada. El tiempo es fugaz, sí, pero tienes dos opciones: o corres tú mismo y lo alcanzas, o te quedas ahí quieto y esperas a que se te escape de las manos... 

sábado, 27 de septiembre de 2014

Changes, chances.

Quiero pedir perdón porque estos días he estado bastante desaparecida. Es lo que suelen tener las mudanzas y los cambios... Mi vida universitaria acaba de empezar... Pero no es lo único, los cambios siguen sucediendo. Aún me cuesta creer dónde estoy. Aún me pongo nostálgica si miro hacia atrás y veo todo el recorrido que he hecho, todo lo que he conseguido, todas las cosas que he pasado.  Llevo toda mi vida esperando este gran cambio y ahora que está aquí, me cuesta hacerme a la idea. Estoy asustada, sí. Mucho. Pero eso no significa que no esté preparada o que no lo desee tanto como antes. De hecho podría decir que lo deseo cada vez más y más. Y cada vez que creo que ya no puedo necesitar este gran paso más, algo ocurre en mi vida, algo se acciona en mi pequeño universo que hace que rectifique. Siempre se puede desear más y más… El deseo no tiene límites.
 Estoy estudiando la carrera que siempre he querido (Filología Inglesa, por si queréis saberlo) y, a pesar de que es un gran reto, pocas cosas me hacen tan feliz como eso. Llevaba mucho tiempo esperando un cambio de aires, una especie de milagro que hiciese girar mi vida unos 360º y, de momento, no puedo quejarme. No todo es bueno, no todo es felicidad y diversión. Los cambios siempre conllevan cierta responsabilidad  y cierta madurez pero incluso con todo ello puedo decir que estoy feliz, estoy contenta y muy emocionada por esta nueva etapa. Que venga lo que tenga que venir, que aquí estaré yo a pie de cañón. Aquí estaré yo, dispuesta a darlo todo, a dejarme la piel en el camino… Que aún me queda mucho por recorrer y estoy segura de que este gran paso no es ni de lejos el más grande que me espera en mi vida.


miércoles, 20 de agosto de 2014

Let it be.

Siempre queremos hacer todo con prisa porque creemos que la vida se nos va de las manos. Y en parte es cierto. El segundero del reloj está corriendo continuamente y a veces no nos paramos a pensar en ello, pero cuando lo hacemos, acabamos poniéndonos manos a la obra como si quisiéramos terminar el relato de nuestra vida en un minuto. Y no deberíamos hacer eso. Es cierto que la Tierra se está moviendo, es cierto que no está esperando por nadie pero ésa no es razón para querer hacer todo a la ligera. Incluso las cosas buenas que pasan en nuestras vidas necesitan tiempo. Al igual que nosotros. ¿Por qué siempre queremos llegar rápido a los sitios? ¿Por qué siempre queremos terminar cualquier trabajo antes de tiempo, o cualquier película o saber el final de un libro lo antes posible? A veces creemos que por ir más deprisa estamos disfrutando de la vida, estamos viviendo minuto a minuto, pero estamos completamente equivocados. Creemos una cosa y en realidad estamos haciendo todo lo contrario. El segundero del reloj no va a parar por nada ni por nadie pero todo en esta vida necesita su tiempo y hemos de disfrutar de cada segundo sin prisa aunque tampoco sin pausa, sin esperar un milagro pero estando preparados por si llega. ¿Por qué no disfrutamos de las vistas cuando vamos a un determinado sitio? ¿O por qué no lloramos hasta lo imposible viendo una y otra vez una preciosa escena sensiblera de una película en vez de llegar al final feliz antes de tiempo? ¿O por qué no leemos y releemos X página de un libro cuando se trata de una simple frase que puede marcar tu vida en vez de querer saber el desenlace al instante? ¿Por qué no aprendemos cosas mientras hacemos un trabajo e intentamos disfrutar de ello en vez de deshacernos de él lo antes posible como si no nos sirviese para nada? El segundero del reloj va a seguir corriendo y no va a esperar ni por vosotros ni por mí pero eso no significa que debamos hacer millones de cosas porque no disfruta más de la vida quien más cosas hace, sino quien de verdad sabe valorar cada cosa y cada minuto como si fuese el último sin importarle cuántas cosas le queden por hacer... Porque la vida está para vivirla y disfrutarla con tiempo y sin correr demasiado... ¡Aún nos queda mucho para llegar a la línea de meta! No queráis hacer las cosas, dejad a las cosas ser y hacerse por sí solas porque todo, absolutamente todo, acaba llegando. Dadle tiempo al tiempo.



viernes, 1 de agosto de 2014

Sol y Luna.

Una vez me contaron acerca de una historia y hoy en día aún me estremezco cada vez que la oigo.
Es bonito ver cómo el Sol muere cada día para dejar que la Luna sepa de qué trata vivir. Es bonito ver cómo ella hace lo mismo para que él pueda volver a disfrutar de unas horas. Es bonito saber que, entre medias de todo ese sacrificio, aún encuentran un rato, en determinadas horas del día, para poder estar juntos, como dos jóvenes furtivos que aprovechan cada segundo como si fuese el último, como hacían Romeo y Julieta cada vez que ella salía a su balcón. Es bonito pensar que aún pueden intercambiar algún que otro saludo, alguna que otra mirada, algún que otro beso; pero que son muchos menos de los que en realidad deberían ser y que todo eso es para que nosotros podamos vivir y podamos observar. Vivir: tanto de día como de noche, gracias a lo que nos proporciona él como a lo mucho en lo que influye ella. Observar: tanto los paisajes de día, sus colores, su vida, su paz; como el cielo de noche, su oscuridad, sus sueños, su inocencia. Es curioso poder ver cómo sale el Sol cada mañana y te da los buenos días (quizá demasiado pronto para mi gusto); es curioso ver cómo si te fijas en su alrededor verás todo de color naranja, amarillo, o incluso rojo furtivo y atrevido y cómo si te fijas en el lado opuesto verás todo aún de color azul, morado, o incluso gris triste y adormecido. Es una pena que en el momento en el que la Luna y el Sol mantienen uno de sus encuentros mucha gente duerme y, tristemente, no lo pueden disfrutar. O simplemente no están prestando atención por ser una de esas cosas que creemos que no es necesario observar. Por circunstancias de la vida, hoy he podido disfrutar de uno de sus encuentros y ha sido algo maravilloso para la vista. Pocas veces valoramos la naturaleza como deberíamos, pocas veces la admiramos como se merece. Pero cada vez que leo o escucho la historia de amor y sacrificio entre la Luna y el Sol, un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Porque ellos supieron qué era amar antes que nadie y aún hoy, aunque muchos no sepan darse cuenta, nos recuerdan cómo se ama de verdad y cómo hay que sacrificarse por aquéllos a los que se ama. Aún hoy, después de tantísimos millones de años, nos siguen dando lecciones sobre vivir.