viernes, 5 de diciembre de 2014
Time.
A veces le echamos la culpa al tiempo de nuestros problemas. El tiempo es una putada, la verdad. A veces necesitamos más de 24 horas al día aunque sólo sea para tumbarnos en el sofá. El tiempo siempre nos parece poco, corto, intenso, fugaz. Pero en el fondo, después de todo, somos nosotros los que a veces decidimos perderlo y dejarlo ir. El tiempo es maravilloso detrás de su fachada de amargura. El tiempo corre y avanza para poder curar muchas heridas abiertas, heridas que están a flor de piel aún. ¿Y cuántas veces el tiempo ha curado nuestras heridas y no se lo hemos agradecido? ¿Cuántas veces ha convertido en cicatrices de guerra las heridas de bala que aún sangraban? ¿Cuántas veces nos ha ayudado a superar trances? ¿Cuántas veces...? Veces. Muchas. Tiempo. Siempre hablando del tiempo. Es curioso que el ser humano, siendo el único capaz de poder contabilizar el tiempo, es el que más asustado está por él. Somos conscientes de que el tiempo pasa, del tiempo que nos queda (relativamente) y, aún así, nos asustamos y somos los que más lo perdemos. A ti, que ahora mismo estás leyendo esto... Espero que esta lectura te haya gustado porque has empleado unos 5 minutos de tu vida en leerla (lo cual agradezco de veras). Pero, ¿y si no te ha gustado? ¿Cuántas veces hemos hecho cosas sin fijarnos en que son unos minutos/horas/días perdidos? ¿Cuántas veces hemos desaprovechado una hora en hacer algo que no nos gusta en vez de salir ahí fuera y atrapar cada segundo que pasa? El tiempo no tiene la culpa de nada. El tiempo es fugaz, sí, pero tienes dos opciones: o corres tú mismo y lo alcanzas, o te quedas ahí quieto y esperas a que se te escape de las manos...
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