viernes, 1 de agosto de 2014

Sol y Luna.

Una vez me contaron acerca de una historia y hoy en día aún me estremezco cada vez que la oigo.
Es bonito ver cómo el Sol muere cada día para dejar que la Luna sepa de qué trata vivir. Es bonito ver cómo ella hace lo mismo para que él pueda volver a disfrutar de unas horas. Es bonito saber que, entre medias de todo ese sacrificio, aún encuentran un rato, en determinadas horas del día, para poder estar juntos, como dos jóvenes furtivos que aprovechan cada segundo como si fuese el último, como hacían Romeo y Julieta cada vez que ella salía a su balcón. Es bonito pensar que aún pueden intercambiar algún que otro saludo, alguna que otra mirada, algún que otro beso; pero que son muchos menos de los que en realidad deberían ser y que todo eso es para que nosotros podamos vivir y podamos observar. Vivir: tanto de día como de noche, gracias a lo que nos proporciona él como a lo mucho en lo que influye ella. Observar: tanto los paisajes de día, sus colores, su vida, su paz; como el cielo de noche, su oscuridad, sus sueños, su inocencia. Es curioso poder ver cómo sale el Sol cada mañana y te da los buenos días (quizá demasiado pronto para mi gusto); es curioso ver cómo si te fijas en su alrededor verás todo de color naranja, amarillo, o incluso rojo furtivo y atrevido y cómo si te fijas en el lado opuesto verás todo aún de color azul, morado, o incluso gris triste y adormecido. Es una pena que en el momento en el que la Luna y el Sol mantienen uno de sus encuentros mucha gente duerme y, tristemente, no lo pueden disfrutar. O simplemente no están prestando atención por ser una de esas cosas que creemos que no es necesario observar. Por circunstancias de la vida, hoy he podido disfrutar de uno de sus encuentros y ha sido algo maravilloso para la vista. Pocas veces valoramos la naturaleza como deberíamos, pocas veces la admiramos como se merece. Pero cada vez que leo o escucho la historia de amor y sacrificio entre la Luna y el Sol, un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Porque ellos supieron qué era amar antes que nadie y aún hoy, aunque muchos no sepan darse cuenta, nos recuerdan cómo se ama de verdad y cómo hay que sacrificarse por aquéllos a los que se ama. Aún hoy, después de tantísimos millones de años, nos siguen dando lecciones sobre vivir.


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