jueves, 5 de febrero de 2015

Dime, ¿y ahora qué?

Contra todo pronóstico, aquí estamos otra vez. Él dejó a un lado sus palabras de despedida para volver a hacer eso que tanto daño nos ha causado: hablar. Y aquí estamos otra vez, después de tantas y tantas equivocaciones. ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a las discusiones, a las palabras malsonantes, a las risas desenfadadas? ¿Volvemos a querernos para acabar odiándonos de nuevo? ¿Volvemos a lo mismo? Pensé que iba a estar más contenta si volvíamos a nuestro gran caos porque, a pesar de ser un caos, era nuestro. Nuestro y de nadie más. Ellos no lo entendía. A veces ni si quiera lo hacíamos nosotros. Pero, ¿y ahora qué? Es como escuchar una canción triste una y otra vez. A veces la escuchas pensando que el final va a cambiar, que va a acabar bien, pero en tu interior sabes que no y que no importa cuántas veces la reproduzcas, que si es triste, siempre va a ser así. Porque hay cosas que, por mucho que queramos controlarlas, no podemos y son como tienen que ser. ¿Y ahora qué? Volvemos a las idas y venidas, a dejar nuestras cabezas boca abajo en busca de alguna excusa que justifique cualquier comportamiento estúpido, a que todas nuestras palabras estallen contra una pared que impide que lleguen al otro lado. Volvemos a los malentendidos, a los destrozos, a los días nublados, a las copas llenas de penas. ¿Y ahora qué? Dímelo. Dime, ¿y ahora qué? Dímelo, tú, que quisiste decir adiós para volver como si nunca lo hubieras dicho. El silencio siempre fue tu mejor respuesta. Y eso me hacía enloquecer. Pero, dime, dime tú... ¿Y ahora qué? ¿Cruzamos el muro otra vez? Abrirme contigo de nuevo sería como darle las llaves de mi casa a un ladrón experto, de esos que no dejan nada, que se llevan hasta los susurros más refugiados y que siempre que se van lo hacen dejando huella y destrozos imposibles de arreglar. Estaría si loca si lo hiciese otra vez. Seré mucho más cauta de lo que lo fui entonces. Soy de cristal, ¿recuerdas? Soy frágil, pero si me pisas te corto. Eso sí, siempre vas a ser bienvenido. Más por las venidas que por las idas, más por las risas abiertas que por los secretos, más por lo que yo siento que por lo que tú sentiste. Pero siempre bienvenido. Eso sí, no pienses ni por un segundo que soy la misma tonta e inexperta que fui hasta hace poco. Ahora piso fuerte. Ahora tengo mi llave a buen resguardo y sólo se la doy a la gente que de verdad me demuestre que lo merece y, sinceramente, a ti te falta bastante para ello.


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