viernes, 13 de febrero de 2015

No me busques, porque ya no estoy.

No me busques, porque ya no estoy. No me busques, porque ya no soy. Ya no estoy en aquel café donde reíamos y hablábamos de cualquier tema sin importancia. Ya no estoy donde todos nuestros recuerdos se juntaban, se entrelazaban, fingiendo que volvían a ser felices. Ya no estoy donde me sentía bien sólo por estar con buena compañía (al menos la que yo creía buena). No me busques, porque ya no estoy allí. Estoy donde hay nuevos comienzos, donde hay nueva gente. Ya no estoy allí. Estoy más allá de la que una vez fue nuestra frontera. La crucé. La crucé sin darme cuenta pero, joder, ¡qué bien me sienta haberla cruzado! Porque ya no estoy allí. Ya no estoy donde las lágrimas eran rutina, donde los abrazos eran necesarios, donde me atragantaba con lo que quería decir y nunca acababa diciendo. Ya no estoy donde no existían oportunidades (ni primeras ni segundas), donde aguantaba la respiración por miedo a molestar, donde sentía que a cada paso que daba me tropezaba. Ya no. Ahora estoy donde habitan las experiencias, la armonía, las lecciones. Ya no estoy donde hay recuerdos borrosos, palabras rotas o incluso un error tras otro, sin apenas intervalos. Me fui y ya no estoy allí. ¿Por qué?, te preguntarás. ¿Y por qué no?, te respondo yo. Ahora estoy donde todo vale la pena, donde las batallas tienen nombre y acaban en victoria, donde la verdad prevalece ante todo, donde aprendí a ser independiente. Ya no estoy donde los días parecían años, sino donde los años parecen días. No me busques, porque ya no estoy. No me busques, porque ya no soy. Ya no soy aquella chica débil, inocente, ingenua. Ahora soy fuerte, con ideas claras. No me busques, porque ya no estoy. Ya no estoy donde se encuentran todas las mentiras juntas, entrelazadas unas con otras, llevando una felicidad instantánea a cuestas. Ya no estoy donde apenas veía mi sombra. Me fui de allí con la intención de no volver. Y de momento, lo estoy cumpliendo. Ahora estoy donde los sueños pasean por mi calle siempre de la mano, donde la esperanza se controla más aunque sigue siendo lo último que se pierde, donde... Donde... ¿Y para qué decirlo? No quiero que nadie vaya a ese lugar. Me gusta ir sola. Es relajante, me llena, me inspira. ¿Y lo mejor? No tengo ni que moverme del sitio (porque está en mi mente, claro). Pero, eh, no me busques. Está prohibido. No me busques porque ya no estoy, no soy y no voy a volver.




No hay comentarios:

Publicar un comentario