domingo, 25 de enero de 2015

Tontos e inexpertos.

Es curioso. Esto es curioso. Llevo 14 minutos preparándome para escribir y cada minuto que pasaba buscaba otra excusa para no hacerlo. No porque no quiera escribir, que quiero, sino porque el tema del que necesito escribir es algo sobre lo que me gustaría no tener que hacerlo porque... Bueno, ya sabéis, a veces cuando sacas algo de tu mente y lo expones es como si ese algo se hiciese más real. Y no quería que esto fuese real. Pero lo es, así pues...

Hace una semana ya. Una semana desde que, aunque no me dijo "adiós", sus palabras sonaron más a despedida de lo que nunca antes habían sonado. Quizá porque ambos estábamos cansados. Quizá porque él se cansó de mí y de mi complicada mente. O porque yo me cansé de sostener. Quizá porque, aunque no quisiéramos que esto sucediese, sabíamos que en algún momento iba a llegar. No sé si porque (quizá) sea lo mejor para ambos o simplemente porque... No lo sé. La verdad es que no logro entender cómo hemos llegado a tal punto. Pero me suena a despedida, sí. Lo sé. Lo puedo sentir. Porque uno se cansó del otro y el otro se cansó de tirar del carro. Porque la vida es así: la gente, tristemente, va y viene. Claro que siempre hay excepciones y yo, tonta e inexperta, pensé que nosotros seríamos una de esas excepciones. Por todo lo que una vez fuimos, por todo lo que una vez compartimos... O al menos por todo aquello que yo una vez pensé y sentí. Tristemente, parece que me equivoqué. Nos equivocamos los dos, otra vez. Sinceramente, hasta he perdido la cuenta de las veces que nos hemos equivocado. Y él, aunque no me dijo adiós, pronunció unas palabras (aún más dolorosas) que sólo sonaban a despedida. Despedida sin fecha de caducidad, de las que más duelen, de las que más queman por dentro. Se alejó de mi vida con todas las palabras que aún no le había dicho, con todas las cosas que aún no habíamos compartido, con todos esos sueños que una vez nos prometimos (como tontos e inexpertos). Se alejó. Y parecía contento por ello. Quizá eso es lo que hace que duela todavía más. Se alejó sin reparos, sin palabras bonitas, sin ningún beso en la frente. Se alejó como quien se marcha del sitio más negro en el que jamás haya estado. Y yo, tonta e inexperta, desespero en esta espera que me mata. Desespero hasta que llegue el día, que ambos sabemos que es pronto, en que nos volvamos a ver, en que volvamos a compartir miradas, sin saber si mirarnos tierna y felizmente por los buenos momentos o si mirarnos como a cualquier desconocido al que, sin saber muy bien por qué, no quieres volver a ver por esa calle. Ni por esa carretera. Ni por ese pueblo. Ni por esa ciudad. Ni por tu vida.

Tristemente, yo, tonta e inexperta, sí que quiero. Pero supongo que, como todos tenemos nuestro límite (¡hasta los tontos e inexpertos!), sé que hago bien manteniéndome alejada, sé que no es mi turno, sino el tuyo. Piénsalo bien... O mueves ficha pronto o se acaba la partida. 

Eso sí, aún no tengo muy claro quién gana y quién pierde. Pero el tiempo lo sabe todo, ¿verdad?




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