13 de Noviembre de 2015.
El mundo hoy es otro completamente distinto al que fue ayer. Más distinto de lo normal. El terror y el pánico van de la mano por las calles de muchos países, los gritos y las lágrimas son amigos íntimos de muchos seres humanos, las amenazas y las salvajadas son el aperitivo del día... El mundo está hecho pedazos hoy, como muchos otros días. Cada vez peor, cada vez más inhumano. Con todo lo ocurrido hoy, me he puesto a pensar muchísimo... En la vida, en lo corta que es, en lo poco que la valoramos, en lo rápido que se puede perder. Todos los días se acaban muchas vidas, y tristemente, de manera muy injusta, de manera injustificada. Hoy el mundo está aterrorizado, hoy se ha sembrado el miedo y la conmoción en muchos lugares; hoy la gente ha perdido seres queridos, hoy la gente ha temido por su vida, y por la de los suyos; hoy, como muchos otros días, la violencia se lleva la vida de gente inocente. Y entre todo este caos yo me pregunto constantemente que por qué sigue pasando esto, que por qué alguien tiene el valor de atreverse a decidir por una vida que no es la suya, que por qué creen que la violencia es la respuesta para todo. Son casi las cuatro de la mañana y yo no puedo dejar de pensar que mientras yo estoy en mi casa, hay gente completamente destrozada, con un dolor en el pecho que nada puede aliviar. Hoy, como muchos otros días, pierdo un poco la fe en la humanidad y pienso que el mundo se está viniendo abajo, y que no hacemos nada por impedirlo. Pienso que lo que ha ocurrido hoy en la ciudad de las luces, puede ocurrir mañana en cualquier otro lugar, a cualquiera de nosotros. Y eso me aterra tantísimo que hasta he perdido el sueño y he sentido la necesidad de desahogarme de mil formas distintas. Hoy, como muchos otros días, se vuelve a atacar a cosas que no son ciertas y se vuelve a generalizar. Hoy, como muchos otros días, hay gente que mete a todo el mundo en un mismo saco. Pero también hoy, y esto no pasa muy a menudo, la gente se solidariza con el resto del mundo, la gente manda mensajes de apoyo, la gente cree, la gente comparte, la gente ayuda, la gente piensa, la gente reza, la gente observa, espera y escucha atentamente. Hoy se ha vuelto a cometer un atentado contra toda la humanidad y ha vuelto a quedar patente que el ser humano es el mayor enemigo del propio ser humano. Hoy la impotencia se apodera de mí, vuelco mi corazón en toda esa gente que esté pidiendo ayuda en estos mismos momentos y les deseo lo mejor. Hoy... Todos somos París y todos estamos con la ciudad de las luces y con cualquier otro país pasando por algo parecido.
Ojalá mañana todos seamos UNIDAD, todos seamos MUNDO y sobre todo estemos llenos de mucha, MUCHA HUMANIDAD.
#PrayForParis
sábado, 14 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
De tiempos pasados y futuros (o algo intermedio).
Si hay algo que me duele y que me asusta más que una negación es una duda. Un pacto dejado a medias con el destino. O tú, que a fin de cuentas, eres mi eterno condicional. Siempre serás mi favorito "¿y si...?". Sí. Claro que sí. Es evidente. Porque siempre hemos sido una casualidad del azar, una excepción a esa regla en la que tanto creíamos, un cruce de líneas que jamás hay que tocar, un deseo de lo prohibido (o al menos de lo no recomendado), un miedo a ser, pero a ser de verdad, con todas las consecuencias, como los valientes, algo que tú y yo nunca nos atrevimos a ser. "¿Y si...?". No. "¿Pero y si...?". ¡Agh! Siempre serás ese "¿y si...?" que rondará en mi cabeza a las tres de la mañana. (Y a la una, y a las dos, y a las insomnio en punto...). Y cuando me despierto también. Tú. Sigues siendo tú. Sigues siendo mi pregunta más solicitada (y la menos contestada, todo sea dicho). Aunque en mis sueños a veces te conviertas en respuesta, aunque a veces esa respuesta sea buena y otras sea mala, la realidad es muy distinta, y joder, qué putada. Porque la realidad es que tú aún eres mi interrogante. La realidad es que no tengo nada. Ni una mera explicación. La realidad también es que no sé que soy cuando no sé nada de ti. La realidad es que aún dudo. Supongo que siempre dudaré contigo. O de ti. O de nosotros. O incluso de mí. Porque realmente nunca llegamos a afirmar(nos). Ni a negar(nos). Por eso siempre seremos un condicional que no encontrará respuesta, que jamás será futuro. O al menos no por ahora. Aunque, a decir verdad, fue un poco pasado. Fuimos. Fue. Tuvimos. Hubo. Sea como fuere, ese condicional que ahora me desgarra el alma, alguna vez fue un tiempo de pasado. Y duele escribirlo, y duele decirlo. Duele convertirte en pasado cuando en realidad eres condicional y lo que yo quiero es que seas futuro. Duele mucho, pero no me quejo. Porque al menos fuiste (y fuimos) algo, que ya es más que nada, que ya es mucho más que ser un doloroso adverbio como lo es "nunca".
sábado, 24 de octubre de 2015
¿(Co)razón...?
¿Debería dejar actuar a mi corazón o debería dejar que mi mente tomase la última decisión? ¿Debería creer que me echas de menos, que alguna vez piensas en mí, que aún queda un último resquicio de esperanza para nosotros; o debería pensar que ahora todo es diferente, que esta vez era la definitiva, que el tiempo pasa y que nada dura eternamente? ¿Hay alguien que sepa qué debería hacer? Y tú, ¿tú sabes qué debería hacer contigo? ¿O crees que lo sabes aún sabiendo que en el fondo eso no es lo que quieres? Quizá, quizá debería... No. ¿Para qué? ¿Para que mis días sean algo menos grises? Quizá. O quizá se vuelvan más negros. Es la angustia de lo insólito la que no me deja aclararme, la indecisión también, la impotencia de no saber... O de saber y no atreverse, de querer y no terminar de decidirse, de repetirse y reinventarse pero seguir parada en el mismo semáforo que lleva de color esperanza casi dos meses... ¿Qué es exactamente lo que me impide dar ese paso? ¿Es el miedo a la reacción? ¿Es el miedo a la huida? ¿Es el miedo a la contrarespuesta de esa frase que puede darme la vida? ¿Es el miedo a ti o es el miedo al cielo negro que cubre tu ciudad? Quizá es que simplemente soy un poco cobarde. Al igual que tú. Quizá los dos lo fuimos siempre un poco. (Y así nos fue, y así nos va, y así nos irá...). Cobardes por no querer admitir lo que ya sabíamos, cobardes por elegir el camino fácil pero no el que queríamos, cobardes por no saber redimirnos, por no saber volver, por no creer en los cuartos intentos, por pensar que el campeón es aquel que entrena una vez y que ya tiene el cielo ganado, por no saber que realmente detrás de todo eso hay miles de intentos fallidos hasta que, un día, el campeón se despierta con ganas de comerse el mundo y decide que ese semáforo ya lleva en verde demasiado tiempo y que hoy sí, que hoy es el día en el que regresamos, nos liberamos, sentimos y nos dejamos sentir.
jueves, 15 de octubre de 2015
| RUIDO |.
Hay mucho ruido en la calle últimamente. Y no me refiero a ese ruido al que estáis pensando. Me refiero al ruido que se va tejiendo en sus miradas, en sus pensamientos. Noto demasiadas sombras cuando voy caminando por los mismos pasadizos de siempre. Normalmente veo desolación, desesperación porque todo vaya bien, porque la vida no les juege una mala pasada, porque no haya nada malo esperando a la vuelta de la siguiente esquina. Cada paso que la gente da es como una pelea con la vida, un pulso de mala muerte jugado a las tantas de la mañana en la barra de un bar. De esos que están reñidos durante mucho tiempo a pesar de que todos ya saben cuál de los dos ganará la partida. De esos que la gente aconseja no jugar. De los que es mejor ni intentarlo porque sales muy mal herido. Pero vivan todos esos que lo intentan. (¡Vivan, joder! ¡Valientes!).
De todas formas, sigue habiendo mucho ruido en la calle. Ruido de ese que tapona los oídos y hace que quieras gritarle al primero que pasa, o a cualquier pared, con el único deseo de que alguien corra y te diga algo tan simple como "eh, tranqui, que todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque no lo sepan con seguridad. Aunque no puedan prometerte nada. Pero sienta bien y lo agradecemos por el mero hecho de intentarlo si quiera, porque ese ruido cala tan dentro que es difícil deshacerse de él cuerpo a cuerpo, con un solo alma.
El ser humano a veces es más solitario de lo que realmente debería. Porque somos seres sociales por naturaleza y un alma siempre va a necesitar otro a su vera. Quizá por eso nos empeñamos en buscar esa media naranja de la que tanto se habla. Medio melocotón prefiero decir yo. Pero, ¿qué hacer cuando creemos que nunca va a llegar, cuando mil veces al día nos repetimos "estoy mejor solo"? ¿Qué hacer entonces con ese puto ruido que nos invade a todos al menos una vez a la semana?
De todas formas, sigue habiendo mucho ruido en la calle. Ruido de ese que tapona los oídos y hace que quieras gritarle al primero que pasa, o a cualquier pared, con el único deseo de que alguien corra y te diga algo tan simple como "eh, tranqui, que todo va a salir bien". Aunque sea mentira. Aunque no lo sepan con seguridad. Aunque no puedan prometerte nada. Pero sienta bien y lo agradecemos por el mero hecho de intentarlo si quiera, porque ese ruido cala tan dentro que es difícil deshacerse de él cuerpo a cuerpo, con un solo alma.
El ser humano a veces es más solitario de lo que realmente debería. Porque somos seres sociales por naturaleza y un alma siempre va a necesitar otro a su vera. Quizá por eso nos empeñamos en buscar esa media naranja de la que tanto se habla. Medio melocotón prefiero decir yo. Pero, ¿qué hacer cuando creemos que nunca va a llegar, cuando mil veces al día nos repetimos "estoy mejor solo"? ¿Qué hacer entonces con ese puto ruido que nos invade a todos al menos una vez a la semana?
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