Piensa en la última vez que nos vimos. ¿Recuerdas nuestra despedida? ¿No? Yo tampoco. Porque no la hubo. Porque ninguno de los dos dijo literalmente "adiós". Porque lo que decidimos fue dejarle al tiempo que hiciese su trabajo, cargarle a él con el muerto de nuestra relación, darle a él la opción de revivirnos o de enterrarnos definitivamente en eso que algunos llaman pasado. El caso es que ninguno dijo adiós. Pero tampoco dijimos gran cosa. Ni si quiera un "quizá la próxima vez". Cómo me gustó oír eso una vez... Y sin embargo esta vez no dijimos nada. Silencio. No salían las palabras. Las tuyas, quizá porque no existían. Las mías, porque estaban completamente atascadas en mi garganta. Pero al menos no dijimos adiós. Y tampoco dijimos nunca. Aunque sí que nos negamos a muchas cosas. Bueno, tú lo hiciste. Y no dejo de preguntarme qué pasará la próxima vez, qué nos diremos, qué haremos, cómo nos miraremos... Porque siempre has sido mi bienvenida más nerviosa y despedida más dura. Y la última vez, sin bienvenida ni despedida, con todo en el aire, con nosotros a medias... Eso sí que fue duro. Y, tristemente, lo sigue siendo para mí. Porque, sin llegar a entender muy bien el porqué, no consigo dejarte ir. No consigo despedirme de ti y me asusta pensar que nunca llegaré a hacerlo y que nunca podré volver a darle la bienvenida a alguien de la misma forma en que te la daba a ti. Siempre pensé que estarías ahí o que al menos volverías y ahora, que por mucho que te busco no te encuentro... Ahora ya no sé qué pensar. Supongo que es verdad eso de que a veces "siempre" puede ser tan sólo un segundo. Y en nuestro caso, varios años. Bastantes, la verdad. Pero parece que también tenemos fecha de caducidad... Aunque nunca sea capaz de aceptarlo del todo. Aunque siempre vaya a dudar entre darte un abrazo y decirte hola, o despedirme de ti, una vez más, pensando que es para siempre.
domingo, 29 de noviembre de 2015
sábado, 14 de noviembre de 2015
#PrayForParis
13 de Noviembre de 2015.
El mundo hoy es otro completamente distinto al que fue ayer. Más distinto de lo normal. El terror y el pánico van de la mano por las calles de muchos países, los gritos y las lágrimas son amigos íntimos de muchos seres humanos, las amenazas y las salvajadas son el aperitivo del día... El mundo está hecho pedazos hoy, como muchos otros días. Cada vez peor, cada vez más inhumano. Con todo lo ocurrido hoy, me he puesto a pensar muchísimo... En la vida, en lo corta que es, en lo poco que la valoramos, en lo rápido que se puede perder. Todos los días se acaban muchas vidas, y tristemente, de manera muy injusta, de manera injustificada. Hoy el mundo está aterrorizado, hoy se ha sembrado el miedo y la conmoción en muchos lugares; hoy la gente ha perdido seres queridos, hoy la gente ha temido por su vida, y por la de los suyos; hoy, como muchos otros días, la violencia se lleva la vida de gente inocente. Y entre todo este caos yo me pregunto constantemente que por qué sigue pasando esto, que por qué alguien tiene el valor de atreverse a decidir por una vida que no es la suya, que por qué creen que la violencia es la respuesta para todo. Son casi las cuatro de la mañana y yo no puedo dejar de pensar que mientras yo estoy en mi casa, hay gente completamente destrozada, con un dolor en el pecho que nada puede aliviar. Hoy, como muchos otros días, pierdo un poco la fe en la humanidad y pienso que el mundo se está viniendo abajo, y que no hacemos nada por impedirlo. Pienso que lo que ha ocurrido hoy en la ciudad de las luces, puede ocurrir mañana en cualquier otro lugar, a cualquiera de nosotros. Y eso me aterra tantísimo que hasta he perdido el sueño y he sentido la necesidad de desahogarme de mil formas distintas. Hoy, como muchos otros días, se vuelve a atacar a cosas que no son ciertas y se vuelve a generalizar. Hoy, como muchos otros días, hay gente que mete a todo el mundo en un mismo saco. Pero también hoy, y esto no pasa muy a menudo, la gente se solidariza con el resto del mundo, la gente manda mensajes de apoyo, la gente cree, la gente comparte, la gente ayuda, la gente piensa, la gente reza, la gente observa, espera y escucha atentamente. Hoy se ha vuelto a cometer un atentado contra toda la humanidad y ha vuelto a quedar patente que el ser humano es el mayor enemigo del propio ser humano. Hoy la impotencia se apodera de mí, vuelco mi corazón en toda esa gente que esté pidiendo ayuda en estos mismos momentos y les deseo lo mejor. Hoy... Todos somos París y todos estamos con la ciudad de las luces y con cualquier otro país pasando por algo parecido.
Ojalá mañana todos seamos UNIDAD, todos seamos MUNDO y sobre todo estemos llenos de mucha, MUCHA HUMANIDAD.
#PrayForParis
El mundo hoy es otro completamente distinto al que fue ayer. Más distinto de lo normal. El terror y el pánico van de la mano por las calles de muchos países, los gritos y las lágrimas son amigos íntimos de muchos seres humanos, las amenazas y las salvajadas son el aperitivo del día... El mundo está hecho pedazos hoy, como muchos otros días. Cada vez peor, cada vez más inhumano. Con todo lo ocurrido hoy, me he puesto a pensar muchísimo... En la vida, en lo corta que es, en lo poco que la valoramos, en lo rápido que se puede perder. Todos los días se acaban muchas vidas, y tristemente, de manera muy injusta, de manera injustificada. Hoy el mundo está aterrorizado, hoy se ha sembrado el miedo y la conmoción en muchos lugares; hoy la gente ha perdido seres queridos, hoy la gente ha temido por su vida, y por la de los suyos; hoy, como muchos otros días, la violencia se lleva la vida de gente inocente. Y entre todo este caos yo me pregunto constantemente que por qué sigue pasando esto, que por qué alguien tiene el valor de atreverse a decidir por una vida que no es la suya, que por qué creen que la violencia es la respuesta para todo. Son casi las cuatro de la mañana y yo no puedo dejar de pensar que mientras yo estoy en mi casa, hay gente completamente destrozada, con un dolor en el pecho que nada puede aliviar. Hoy, como muchos otros días, pierdo un poco la fe en la humanidad y pienso que el mundo se está viniendo abajo, y que no hacemos nada por impedirlo. Pienso que lo que ha ocurrido hoy en la ciudad de las luces, puede ocurrir mañana en cualquier otro lugar, a cualquiera de nosotros. Y eso me aterra tantísimo que hasta he perdido el sueño y he sentido la necesidad de desahogarme de mil formas distintas. Hoy, como muchos otros días, se vuelve a atacar a cosas que no son ciertas y se vuelve a generalizar. Hoy, como muchos otros días, hay gente que mete a todo el mundo en un mismo saco. Pero también hoy, y esto no pasa muy a menudo, la gente se solidariza con el resto del mundo, la gente manda mensajes de apoyo, la gente cree, la gente comparte, la gente ayuda, la gente piensa, la gente reza, la gente observa, espera y escucha atentamente. Hoy se ha vuelto a cometer un atentado contra toda la humanidad y ha vuelto a quedar patente que el ser humano es el mayor enemigo del propio ser humano. Hoy la impotencia se apodera de mí, vuelco mi corazón en toda esa gente que esté pidiendo ayuda en estos mismos momentos y les deseo lo mejor. Hoy... Todos somos París y todos estamos con la ciudad de las luces y con cualquier otro país pasando por algo parecido.
Ojalá mañana todos seamos UNIDAD, todos seamos MUNDO y sobre todo estemos llenos de mucha, MUCHA HUMANIDAD.
#PrayForParis
miércoles, 4 de noviembre de 2015
De tiempos pasados y futuros (o algo intermedio).
Si hay algo que me duele y que me asusta más que una negación es una duda. Un pacto dejado a medias con el destino. O tú, que a fin de cuentas, eres mi eterno condicional. Siempre serás mi favorito "¿y si...?". Sí. Claro que sí. Es evidente. Porque siempre hemos sido una casualidad del azar, una excepción a esa regla en la que tanto creíamos, un cruce de líneas que jamás hay que tocar, un deseo de lo prohibido (o al menos de lo no recomendado), un miedo a ser, pero a ser de verdad, con todas las consecuencias, como los valientes, algo que tú y yo nunca nos atrevimos a ser. "¿Y si...?". No. "¿Pero y si...?". ¡Agh! Siempre serás ese "¿y si...?" que rondará en mi cabeza a las tres de la mañana. (Y a la una, y a las dos, y a las insomnio en punto...). Y cuando me despierto también. Tú. Sigues siendo tú. Sigues siendo mi pregunta más solicitada (y la menos contestada, todo sea dicho). Aunque en mis sueños a veces te conviertas en respuesta, aunque a veces esa respuesta sea buena y otras sea mala, la realidad es muy distinta, y joder, qué putada. Porque la realidad es que tú aún eres mi interrogante. La realidad es que no tengo nada. Ni una mera explicación. La realidad también es que no sé que soy cuando no sé nada de ti. La realidad es que aún dudo. Supongo que siempre dudaré contigo. O de ti. O de nosotros. O incluso de mí. Porque realmente nunca llegamos a afirmar(nos). Ni a negar(nos). Por eso siempre seremos un condicional que no encontrará respuesta, que jamás será futuro. O al menos no por ahora. Aunque, a decir verdad, fue un poco pasado. Fuimos. Fue. Tuvimos. Hubo. Sea como fuere, ese condicional que ahora me desgarra el alma, alguna vez fue un tiempo de pasado. Y duele escribirlo, y duele decirlo. Duele convertirte en pasado cuando en realidad eres condicional y lo que yo quiero es que seas futuro. Duele mucho, pero no me quejo. Porque al menos fuiste (y fuimos) algo, que ya es más que nada, que ya es mucho más que ser un doloroso adverbio como lo es "nunca".
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


