Siempre estamos echando de menos a alguien. Y no me refiero a eso de echar de menos a una persona a la que hace mucho que no ves pero volverás a ver. Me refiero a eso de echar tan jodidamente de menos a una persona que, o nunca volverás a ver, o nunca os encontraréis como antes lo hacíais. Lo cual es triste, pero a la vez bonito. Más triste que bonito, claro. El hecho de extrañar a alguien quiere decir que alguna vez, quizá hace poco tiempo, quizá hace milenios, había alguien en tu vida que era tan importante para ti como para que algún día fuese a ser el o la culpable de tus pensamientos en esas madrugadas sin dormir. Eso es bonito porque eso significa que era alguien importante, alguien especial; era alguien con quien compartiste muchos momentos de tu vida, muchos problemas, muchas risas; era alguien irreemplazable. Por eso le echas de menos. Porque sabes que, jamás, (no importa si tenía defectos), jamás volverá a ser lo mismo con otra persona. Jamás serán las mismas lágrimas, jamás la misma comprensión, los mismos abrazos, las mismas visitas, el mismo cariño. Jamás es igual. A veces echamos de menos momentos y no personas pero, sinceramente, no sé cuál de las dos partes duele más. Echar de menos a alguien duele tanto que te desgarra el corazón por dentro. Y por eso es triste. Porque no sabes si alguna vez volveréis a reencontraros por cosas del destino, si quizá, (con suerte) algún día volverá a ser lo que una vez fue, y sobre todo, no sabes si esa persona te echa de menos a ti. Porque quizá le dé igual. Eso siento yo cada vez que echo de menos a alguien, pero no tiene porque ser así, claro está. Y ojalá no lo sea, de verdad. Porque me destrozaría en mil pedazos. Pero... A fin de cuentas, lo que sí que está claro es que echar de menos de esa forma es un sentimiento tan fuerte que puede provocarnos los días más grises. Así han sido los pasados días para mí y ojalá no sigan siendo así. Ojalá no tenga que volver a arrepentirme de dar más de lo que recibo. Ojalá no eche de menos cómo era alguien conmigo. Ojalá nunca cambien su actitud hacia mí. Ojalá me quieran cada día más y no al revés... Ojalá... Ojalá... De verdad, ojalá tengamos que echar muy poco de menos en esta vida. Porque menos nunca quiso decir más, y eso duele hasta morir.
viernes, 17 de julio de 2015
martes, 23 de junio de 2015
Una vez más, la vida me sorprende.
La vida lo ha vuelto a hacer. Cuando más lo necesitaba, cuando peor estaba, cuando mi garganta pedía a gritos volver a sonreír como una tonta una vez más... Aparece. Llega alguien, o algo, un día cualquiera, el menos pensado de todos, que cambia todo y hace que no sientas los pies en La Tierra. Te hace regresar al punto donde te encontrabas antes de darte por vencido, te lleva de vuelta al rin, te prepara para luchar, te anima desde las gradas. Es bonito. Más. Es precioso porque es real. Es maravilloso que la vida, sin saberlo, te haya regalado algo que tanto necesitabas. Un día para recordar, de esos que nunca te cansas de repetir; de esos que crees que merecen ser escritos, ser compartidos. Y que, ojalá, pudieses volver atrás y grabarlo todo porque realmente ha parecido de película. Una vez más, la vida lo ha vuelto a hacer. Me ha vuelto a sorprender, me ha hecho recuperar la fe en la humanidad. Y, creedme, la pierdo cada dos por tres hoy en día. Pero no me quejo. No puedo hacerlo, no tengo derecho. Estaba pasando por una mala racha pero, oh dios, qué bien que todo haya vuelto a la normalidad. Que ahora casi todo sean sonrisas y que las únicas lágrimas sean de felicidad; que los gritos sean de diversión y que la risa me acompañe cada minuto del día. Que es cierto eso de que todo pasa por algo, que esta vez le debo al destino algo muy fuerte, que es mi felicidad. Y que también creo en eso de que hay una luz siempre al final del túnel. Siempre la hay. El problema es que no sabemos cuántos nos queda, cuánto más hemos de esperar para poder volver a verla. Pero estar, está ahí. De verdad. Por eso siempre hay que seguir. Por eso, una vez más, la música y la risa, han sido las mejores medicinas para mí y he tenido un cumpleaños lleno de destino y de sorpresas, de risas, de canciones, de gente nueva (y maravillosa) y de momentos inolvidables. Por eso, ahora veo una gran luz cada vez que camino. Y no, no está a lo lejos. Está dentro de mí y ojalá permanezca ahí durante bastante tiempo.
lunes, 4 de mayo de 2015
Make each day count.
Salí
por la puerta de casa en busca de mi siguiente aventura como si se tratase
de cualquier otro día pero poco a poco me fui dando cuenta de que no era
así. Ese día era peor que uno rutinario. Tenía calor, no me apetecía
escuchar ninguna canción, tosía más de lo que mi paciencia podía aguantar,
mi pelo daba asco y, por si fuera poco, me tocaba esperar al bus más
minutos de los que me gustaría. Estaba claro que me había levantado con el
pie izquierdo. Y sin cabeza, porque me encontraba en las nubes cada dos
por tres. "Y sólo son las once de la mañana” pensé. Subí al bus con más
desgana que de costumbre. Dos pitidos seguidos y una pequeña pantalla
amarilla me decían “pase” así que hice caso, avancé y me senté mientras
miraba hacia la ventana con cierta tristeza. Mi mente era una bomba a
punto de estallar. “Aguanta” me repetía a mí misma cada pocos segundos con
la esperanza de que funcionase y pudiese ser algo más fuerte. Decidí mirar
a los demás pasajeros que iban en el autobús para distraerme. Un joven se
encontraba en frente de mí. Por su expresión rígida y pensativa podría asegurar
que tampoco era un buen día para él. Estaba escuchando música también. Me
pregunté qué se le pasaría por la cabeza al ver a una chica como yo
tarareando mis canciones con pinta de interesante. (Porque así soy yo
cuando viajo en autobús). Me pregunté qué pasaría si me acercase a él y le
preguntase su nombre. Ya habíamos coincidido varias veces, así que, ¿por
qué no? “Nos vamos a seguir viendo, podríamos ser amigos. Estaría bien”
pensaba mientras negaba con la cabeza para mi interior. Jamás me atrevería
a hacer eso. ¿Cómo iba a privarnos a los dos del placer de viajar
escuchando música? “Estaría bien” repetía mi alter ego. Claro, no se lo
negaba. Pero no sería capaz de hacer eso ni en este ni en ningún universo
paralelo posible así que ignoré mis fantasías peliculeras y desvié la
cabeza. Un señor de avanzada edad y un chico jovencito, que imaginé que
sería su nieto, conversaban agradablemente. El pequeño le susurraba cosas
al oído a su acompañante. Me parecía muy tierno. Ese sí que era su día. Se
reían y miraban entretenidos hacia todos lados. Seguro que, teniendo la
relación que mostraban tener, todos eran buenos días para ellos. Recapacité
y pensé que, quizá, aquel no era mi mejor día porque debía de ser el suyo.
Y también que, quizá, mañana volvería a ser el suyo pero también sería el
mío. Y el del chico misterioso. Y sería mañana cuando todos nos
dedicaríamos una sonrisa al subir a ese autobús en busca de la siguiente
aventura. Sería mañana cuando no miraría a la ventana pensativa y con tristeza, cuando no buscaría excusas en mi mente que justificaran mi desgraciada mañana, cuando no necesitaría distraerme mirando a los demás pasajeros. Sería mañana cuando estaría decidida a vivir una gran aventura y hacer que ese día contase para algo. Porque cada día ha de contar, cada día ha de sumar algo bueno a nuestra vida. Y ese día tuve la esperanza de que así sería al día siguiente.
(Y así fue)
Pequeños consejos para que nunca os levantéis con el pie izquierdo:
miércoles, 15 de abril de 2015
De decepciones y de ilusiones y de intentos y de riesgos; en busca de la felicidad.
Hoy decidí soltar un suspiro por cada decepción que me he tragado últimamente y lo triste es que podría pasarme toda la noche suspirando hasta quedarme sin aire así que, para que no resulte tan absurdo, he decido dar un trago al vaso de agua que tengo a mi lado y soltar en el siguiente suspiro todas las decepciones juntas. Todas las decepciones idas en un suspiro. Inspirar, expirar. Retener, soltar. Soltarlo todo. Eso es lo que necesitaba. Por eso buscaba alguna sencilla forma de hacerlo. Y, bueno, no sé. No ha dado gran resultado pero supongo que esto lleva su tiempo. Que como dicen, la felicidad no es algo que se consiga de un segundo a otro, sino que es un estilo de vida que se forma pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa. Es un proceso continuo lleno de ilusiones. Ilusiones en vez de decepciones. Y de sueños, tanto grandes como pequeños. De pensamientos que nos sacan una tímida sonrisa cada vez que cruzan nuestra mente. Por eso, voy a guardar todas las ilusiones en una caja fuerte y a seguir soltando las decepciones en cada suspiro evitando que lleguen a mi corazón, haciendo que se alejen de mí lo antes posible. Porque he comprendido que es una pérdida de tiempo intentar analizar los porqués de cada situación, que no llevan a ningún camino seguro, que sólo hacen que tropiece una y otra y otra y otra y otra (¿lo habéis pillado ya, no?) vez con la misma maldita piedra que parece no desintegrarse nunca; que no merece la pena malgastar el tiempo en cosas que nos comen por dentro, que nos desgarran, que arañan los corazones poco a poco hasta que escuecen tanto que queman día y noche. Por eso, voy a procurar centrarme en las cosas positivas y alejar la negatividad de mi mente. Porque a fin de cuentas, todo está ahí, en nuestra mente. Y nuestro objetivo es controlarla y evitar que el proceso sea a la inversa. Porque la mente y el miedo son dos de los mayores enemigos del ser humano. ¡CUIDADO! Os estoy advirtiendo. Y os hablo desde la experiencia. Y sí, sé lo que estáis pensando... "Es muy fácil decirlo pero tan complicado de llevar a cabo...". Cierto. Tenéis toda la razón. Por eso lo escribo aquí, para intentar recordármelo. Supongo que el caso es intentarlo; que en eso consiste la valentía y, lo consiga o no, al menos lo intentaré. Porque la vida es intentar, es arriesgar, es probar. Que el tiempo es corto, y pasa, y vuela, y se va sin que nos hayamos dado cuenta, y sin que hayamos intentado, y sin que hayamos arriesgado, y sin que hayamos probado. Así que... No os desaniméis, no os rindáis. La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina (o eso suelen decir). Porque cuando durante un tiempo nos ha ido muy mal, la vida luego nos regala cosas buenas. Es un intercambio de favores. Sonreíd y la vida os dará más razones para seguir haciéndolo.
Intentad.
Arriesgad.
Probad.
Sonreíd.
Sed MUY felices.
Intentad.
Arriesgad.
Probad.
Sonreíd.
Sed MUY felices.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



