martes, 23 de junio de 2015

Una vez más, la vida me sorprende.

La vida lo ha vuelto a hacer. Cuando más lo necesitaba, cuando peor estaba, cuando mi garganta pedía a gritos volver a sonreír como una tonta una vez más... Aparece. Llega alguien, o algo, un día cualquiera, el menos pensado de todos, que cambia todo y hace que no sientas los pies en La Tierra. Te hace regresar al punto donde te encontrabas antes de darte por vencido, te lleva de vuelta al rin, te prepara para luchar, te anima desde las gradas. Es bonito. Más. Es precioso porque es real. Es maravilloso que la vida, sin saberlo, te haya regalado algo que tanto necesitabas. Un día para recordar, de esos que nunca te cansas de repetir; de esos que crees que merecen ser escritos, ser compartidos. Y que, ojalá, pudieses volver atrás y grabarlo todo porque realmente ha parecido de película. Una vez más, la vida lo ha vuelto a hacer. Me ha vuelto a sorprender, me ha hecho recuperar la fe en la humanidad. Y, creedme, la pierdo cada dos por tres hoy en día. Pero no me quejo. No puedo hacerlo, no tengo derecho. Estaba pasando por una mala racha pero, oh dios, qué bien que todo haya vuelto a la normalidad. Que ahora casi todo sean sonrisas y que las únicas lágrimas sean de felicidad; que los gritos sean de diversión y que la risa me acompañe cada minuto del día. Que es cierto eso de que todo pasa por algo, que esta vez le debo al destino algo muy fuerte, que es mi felicidad. Y que también creo en eso de que hay una luz siempre al final del túnel. Siempre la hay. El problema es que no sabemos cuántos nos queda, cuánto más hemos de esperar para poder volver a verla. Pero estar, está ahí. De verdad. Por eso siempre hay que seguir. Por eso, una vez más, la música y la risa, han sido las mejores medicinas para mí y he tenido un cumpleaños lleno de destino y de sorpresas, de risas, de canciones, de gente nueva (y maravillosa) y de momentos inolvidables. Por eso, ahora veo una gran luz cada vez que camino. Y no, no está a lo lejos. Está dentro de mí y ojalá permanezca ahí durante bastante tiempo. 




lunes, 4 de mayo de 2015

Make each day count.

Salí por la puerta de casa en busca de mi siguiente aventura como si se tratase de cualquier otro día pero poco a poco me fui dando cuenta de que no era así. Ese día era peor que uno rutinario. Tenía calor, no me apetecía escuchar ninguna canción, tosía más de lo que mi paciencia podía aguantar, mi pelo daba asco y, por si fuera poco, me tocaba esperar al bus más minutos de los que me gustaría. Estaba claro que me había levantado con el pie izquierdo. Y sin cabeza, porque me encontraba en las nubes cada dos por tres. "Y sólo son las once de la mañana” pensé. Subí al bus con más desgana que de costumbre. Dos pitidos seguidos y una pequeña pantalla amarilla me decían “pase” así que hice caso, avancé y me senté mientras miraba hacia la ventana con cierta tristeza. Mi mente era una bomba a punto de estallar. “Aguanta” me repetía a mí misma cada pocos segundos con la esperanza de que funcionase y pudiese ser algo más fuerte. Decidí mirar a los demás pasajeros que iban en el autobús para distraerme. Un joven se encontraba en frente de mí. Por su expresión rígida y pensativa podría asegurar que tampoco era un buen día para él. Estaba escuchando música también. Me pregunté qué se le pasaría por la cabeza al ver a una chica como yo tarareando mis canciones con pinta de interesante. (Porque así soy yo cuando viajo en autobús). Me pregunté qué pasaría si me acercase a él y le preguntase su nombre. Ya habíamos coincidido varias veces, así que, ¿por qué no? “Nos vamos a seguir viendo, podríamos ser amigos. Estaría bien” pensaba mientras negaba con la cabeza para mi interior. Jamás me atrevería a hacer eso. ¿Cómo iba a privarnos a los dos del placer de viajar escuchando música? “Estaría bien” repetía mi alter ego. Claro, no se lo negaba. Pero no sería capaz de hacer eso ni en este ni en ningún universo paralelo posible así que ignoré mis fantasías peliculeras y desvié la cabeza. Un señor de avanzada edad y un chico jovencito, que imaginé que sería su nieto, conversaban agradablemente. El pequeño le susurraba cosas al oído a su acompañante. Me parecía muy tierno. Ese sí que era su día. Se reían y miraban entretenidos hacia todos lados. Seguro que, teniendo la relación que mostraban tener, todos eran buenos días para ellos. Recapacité y pensé que, quizá, aquel no era mi mejor día porque debía de ser el suyo. Y también que, quizá, mañana volvería a ser el suyo pero también sería el mío. Y el del chico misterioso. Y sería mañana cuando todos nos dedicaríamos una sonrisa al subir a ese autobús en busca de la siguiente aventura. Sería mañana cuando no miraría a la ventana pensativa y con tristeza, cuando no buscaría excusas en mi mente que justificaran mi desgraciada mañana, cuando no necesitaría distraerme mirando a los demás pasajeros. Sería mañana cuando estaría decidida a vivir una gran aventura y hacer que ese día contase para algo. Porque cada día ha de contar, cada día ha de sumar algo bueno a nuestra vida. Y ese día tuve la esperanza de que así sería al día siguiente.

(Y así fue)

Pequeños consejos para que nunca os levantéis con el pie izquierdo:


miércoles, 15 de abril de 2015

De decepciones y de ilusiones y de intentos y de riesgos; en busca de la felicidad.

Hoy decidí soltar un suspiro por cada decepción que me he tragado últimamente y lo triste es que podría pasarme toda la noche suspirando hasta quedarme sin aire así que, para que no resulte tan absurdo, he decido dar un trago al vaso de agua que tengo a mi lado y soltar en el siguiente suspiro todas las decepciones juntas. Todas las decepciones idas en un suspiro. Inspirar, expirar. Retener, soltar. Soltarlo todo. Eso es lo que necesitaba. Por eso buscaba alguna sencilla forma de hacerlo. Y, bueno, no sé. No ha dado gran resultado pero supongo que esto lleva su tiempo. Que como dicen, la felicidad no es algo que se consiga de un segundo a otro, sino que es un estilo de vida que se forma pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa. Es un proceso continuo lleno de ilusiones. Ilusiones en vez de decepciones. Y de sueños, tanto grandes como pequeños. De pensamientos que nos sacan una tímida sonrisa cada vez que cruzan nuestra mente. Por eso, voy a guardar todas las ilusiones en una caja fuerte y a seguir soltando las decepciones en cada suspiro evitando que lleguen a mi corazón, haciendo que se alejen de mí lo antes posible. Porque he comprendido que es una pérdida de tiempo intentar analizar los porqués de cada situación, que no llevan a ningún camino seguro, que sólo hacen que tropiece una y otra y otra y otra y otra (¿lo habéis pillado ya, no?) vez con la misma maldita piedra que parece no desintegrarse nunca; que no merece la pena malgastar el tiempo en cosas que nos comen por dentro, que nos desgarran, que arañan los corazones poco a poco hasta que escuecen tanto que queman día y noche. Por eso, voy a procurar centrarme en las cosas positivas y alejar la negatividad de mi mente. Porque a fin de cuentas, todo está ahí, en nuestra mente. Y nuestro objetivo es controlarla y evitar que el proceso sea a la inversa. Porque la mente y el miedo son dos de los mayores enemigos del ser humano. ¡CUIDADO! Os estoy advirtiendo. Y os hablo desde la experiencia. Y sí, sé lo que estáis pensando... "Es muy fácil decirlo pero tan complicado de llevar a cabo...". Cierto. Tenéis toda la razón. Por eso lo escribo aquí, para intentar recordármelo. Supongo que el caso es intentarlo; que en eso consiste la valentía y, lo consiga o no, al menos lo intentaré. Porque la vida es intentar, es arriesgar, es probar. Que el tiempo es corto, y pasa, y vuela, y se va sin que nos hayamos dado cuenta, y sin que hayamos intentado, y sin que hayamos arriesgado, y sin que hayamos probado. Así que... No os desaniméis, no os rindáis. La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina (o eso suelen decir). Porque cuando durante un tiempo nos ha ido muy mal, la vida luego nos regala cosas buenas. Es un intercambio de favores. Sonreíd y la vida os dará más razones para seguir haciéndolo. 
Intentad.
Arriesgad.
Probad.
Sonreíd.
Sed MUY felices.



martes, 7 de abril de 2015

"¿De qué material está hecho el amor?"

Una vez alguien me preguntó que de qué está hecho el amor, que cuál era su principal material y yo no contesté. ¿Que por qué? Porque no sabía la respuesta. Desvié mi mirada hacia abajo, me mordí el labio y sonreí para mí misma. Pensé en lo bonito que es el amor pero lo infeccioso que puede llegar a ser. No sabía la respuesta y creo que realmente nunca llegaré a saberlo del todo. Porque el amor no está hecho de un material, sino de algo abstracto. De millones de cosas abstractas. Y supongo que nunca llegaremos a conocer ni la mitad. Pero es bonito pensar que se trata simplemente de un sentimiento que nos rodea allá donde vayamos. Creo que está hecho sobre todo de los besos que consiguen parar el tiempo, de las caricias que nos estremecen y ponen los pelos de punta, de los abrazos que damos sin sentirnos incómodos sobre cuánto tiempo puedan durar, de las sonrisas de complicidad que alegran cualquier día, de las miradas sin querer queriendo y de esas risas a mandíbula batiente que te dejan agujetas al día siguiente. Quiero creer que eso es el amor. Que es sentirse agusto incluso en silencio, que es una persona fundamental en nuestras vidas, que es sentirse querido y tener ganas de querer, y de vivir, y de compartir, y de necesitar personas. Que es la principal cualidad que un ser humano debe poseer. Debemos amar por encima de todo. No sé de qué estará hecho el amor, aunque una cosa es segura y es que es tan poderoso que puede llegar a destruir con mucha facilidad pero sanar de la misma forma. Deberíamos tratarlo mejor y dejar de despreciarlo tanto. Porque la vida es amor. Y amar es vivir. Por mucho que nos empeñemos, no hay mejor forma de vivir que amando. Amando mucho y muy fuerte, con ganas. Porque de eso también está hecho el amor: de ganas desgarradoras que nos queman por dentro, de fuerza que nos hace guerreros, de pasión, de sangre hirviendo, de gotas de sudor, de sueños en familia, de locuras entre amigos, de rincones guardados entre las sábanas, de canciones que nos recuerdan a personas. En resumen, creo que el amor está hecho de todo aquello que nos haga sentir más vivos que nunca. Y, a fin de cuentas, es lo que más necesitamos.