domingo, 28 de agosto de 2016

Quiero verte. Carta de nadie.

"Quiero verte. Me da igual el momento. Lo dejo a tu elección. No me importa si es mañana o si tiene que ser dentro de unos meses, pero quiero verte. Sé que no te fías de mí. Sé que crees que te haré daño, que curaré tu corazón para destrozarlo de nuevo. Lo sé. Y sé que no vas a confiar en mí. Al menos no hasta dentro de mucho tiempo. Y me jode. Pero también lo entiendo. Y aun así quiero que me dejes intentarlo, porque no hay nada que desee tanto como verte. Sé que no soy lo que tú quieres. Ni mucho menos lo que te mereces. Soy un puto desastre. Joder, lo sé. Lo soy. Algunas malas compañías y demasiados malos hábitos. No tengo mucho que ofrecerte más allá de mi cuerpo, mi voz y mi tiempo. Pero te daría el mundo si fuese mío y eso también tienes que saberlo. 
No tengo planes de futuro. No sé ni qué cojones haré mañana, es verdad, pero iría a verte todos los días si así me lo pidieses. Y espero que eso sea suficiente para ti, como lo es para mí el simple hecho de cruzar miradas contigo, compartir mañanas a tu lado y que me dejes rozarte más que el viento. Porque para mí la vida ahora es eso: querer vivirla contigo. Y no importa si mañana me echas de tu casa a patadas. Me iría sin rechistar si así lo mereciese, pero tienes que dejarme intentarlo. Aunque sólo sea por darle a tu corazón un poco de alegría. Déjate llevar una vez más. Y no lo hagas por mí. Hazlo únicamente por ti. Porque mereces volver a ser feliz, mereces que tu corazón dé saltos de nuevo. Y si no hay mariposas en tu estómago ahora, espera a que me presente con ellas en la puerta de tu casa mañana.
Quiero verte. Me da igual el momento. Esperaré hasta que estés lista. Pero déjame hacerlo. Déjate ir. Suéltate. No puedes vivir toda tu vida con miedo, o llegará el día en que no hayas vivido como tenías que hacerlo. 
Quiero verte. Lo necesito. Y tenías que saberlo."

Carta de nadie.

We'll never be those kids again.

viernes, 8 de julio de 2016

Uno de esos días.

Si de algo me he arrepentido en mi vida es de haber perdido oportunidades. De haber visto trenes pasar, sin saber si podrían volver. De no haber aprovechado el mejor momento. De no saber que el mejor momento es siempre el que tenemos delante: es ahora.
Pero, sin embargo, incluso cuando ya he aprendido la lección y he remendado algunos errores, hay días en que cuesta vivir el momento al cien por cien.
Hoy es uno de esos días.
Hoy es uno de esos días que saben a domingo, que huelen a mudanza, que tienen como banda sonora una alarma establecida para sonar a las 8 de la mañana. 
Hay días que se atragantan, que se juntan con ese nudo que tenías en el estómago desde varios días. Y eso sólo lo soluciona el tiempo. Por eso, hay días en los que sabes que es mejor no haberse levantado y, por mucho que lo intentes, no hay momento que valga. Ni Carpe Diem ni nada. Que no. Que hay días que se atascan, que no avanzan, que parece que no dejan a la Tierra girar. Días sin luz, días que se nublan. 
Hoy es uno de esos días.
Un día triste. Así de simple y así de complicado a la vez.
Como cuando el jugador icono de un equipo se marcha a otro tras haber creído que terminaría su carrera en el primero.
Como cuando el cuadro más famoso de un museo, de repente, empieza a envejecer.
Como cuando tu libro favorito deja de desprender ese olor tan característico.
Como cuando desde tu habitación no puedes ver la Luna. 
Como cuando olvidas la voz de aquella persona que siempre querías a tu lado.
Como cuando tú no vuelves y sin embargo siempre estás presente.
Como cuando todos se han marchado.
Como cuando algunos no van a volver.
Como cuando te sientes solo.
Como cuando siempre.
Como cuando nunca.
Como cuando hoy.

Porque hoy es uno de esos días. Pero mañana ya será otro. 


(Ashley Moore)

viernes, 17 de junio de 2016

(Champagne problems).

Chin, chin. 
No sé por qué estoy brindando, si no tenemos nada que celebrar. No sé por qué hoy, no sé por qué ahora. Simplemente se me ha venido tu recuerdo a la cabeza, como de costumbre, y he pensado que, en vez de ahogar mis penas en alcohol y llorar por lo que no fue, voy a sacar a relucir lo bueno y brindar tranquilamente por aquel adiós.
Voy a brindar por lo que vivimos, por lo que sentimos, por lo afortunados que fuimos al tener esta historia. Tres oportunidades por falta de una, y aun así, no supimos hacerlo bien. Qué bien reparte las cartas a veces el destino y qué mal supimos jugarlas. Y aunque nunca se sabe cuándo puede llegar otra partida, todo pasa por algo, ¿verdad? Y por ello, es hora de que empiece a ver el final de nuestra historia como el paso correcto que tuvimos que dar antes que como un drama propio de Shakespeare. Ya vale. Ya está. Hasta aquí.
He pensado que sería buena idea brindar sin ti pero por nosotros. Porque contigo no puedo, aunque sabes perfectamente que te invitaría si pudiese. Te invitaría si fueses a venir. Si por algún motivo supiera que a ti también te parece buena idea esto de brindar por nosotros. Porque tanta confianza es muy difícil de construir y nosotros tuvimos la suerte de hacerlo; la suerte y las ganas. Aunque a veces hacen falta más ganas y más suerte para preservarla con el tiempo. Y eso no lo hicimos tan bien. Pero el caso es que disfrutamos de ello durante muchos años. Y con eso es con lo que debo quedarme. Con las risas que nos echábamos, con los secretos que compartimos, con esas cosas que yo nunca contaré sobre ti y esas cosas que espero que tú nunca cuentes sobre mí; con la amistad, el cariño,  el tiempo compartido, mi vodka y tu ballantines (aunque he oído que ahora pruebas más cosas), con tu música eléctronica y con tu rap, con mi pop y mi R&B, con nuestras canciones. Esas canciones que fueron de los dos en algún momento. Esas que no hablaban de amor, esas que eran pura diversión. Esos chistes entre dos. Esas palabras breves pero acertadas. Esos abrazos que lo curaban todo. Esa complicidad entre miradas. Esos susurros a escondidas. Esa ruptura con las normas. Todos esos momentos que ahora se quedan en el aire y que yo no dejo de recordar, todos esos momentos que yo espero que tú también recuerdes.
He pensado que sería buena idea brindar por algo que mucha gente desearía vivir en su vida, aunque fuese tan sólo una vez, aunque tuviese un final amargo. Lo importante ha sido sentirlo, lo importante fue vivirlo. Y, aunque no sé si tú lo recuerdas tanto (y tan bien) como yo, voy a darle otro trago a este champagne por ti también. Por esa persona que conocí y a la que en algún momento de su vida le importé mucho. Casi tanto como él me importó a mí. Y con eso me quedo.
Chin, chin.





martes, 10 de mayo de 2016

Ahora, y no cuando sea tarde.

"Abréte un poco más", me dijo. Y yo, sin fiarme del todo, pensé que se refería a mis piernas. Pero él se refería a mi mente, a mi corazón, a mi persona. Y es que, al final, eso es lo más complicado. Dejarse conocer del todo, sin miedo. Sin miedo a que huyan, sin miedo a que se alejen sin previo aviso, sin miedo a lo que puedan pensar. Dar a conocer hasta tus entrañas. Eso es lo difícil. Pero es también lo que merece la pena. Por eso decidí dejarme llevar. Y fiarme cada día un poco más. Aún estoy en proceso. Pero supongo que lo más importante es empezar a intentarlo. Porque eso ya es un gran avance. Eso ya es un gran paso que no todos dan. Y es que, por mucho que yo quiera, es un poco complicado volver a entregar un corazón que, de hecho, aún no ha sanado del todo. Aún me cuesta creer que haya aparecido alguien que esté dispuesto a hacerme vivir en el presente y dejar a un lado el pasado. Un pasado que nunca se irá del todo. Un pasado que quizá regrese en un futuro. Y es esa duda la que me mata, la que me hace ir con cuidado, llevar conmigo siempre los pies de plomo, no entregarme del todo. Esa duda y ese dolor ya sufrido y bien pagado. Un dolor que quiero lejos, que no quiero revivir. El problema es que nunca seremos capaces de averiguar si merecerá la pena darlo todo. Porque cualquiera en cualquier momento nos puede fallar. Porque hasta la persona que menos me esperaba, lo hizo. Aunque al menos sabemos que sí seremos capaces de superarlo, de volver a ser fuertes, de seguir viviendo sin ese peso en el cuerpo. Quizá esa sea la señal que necesito. Darlo todo, sin saber si seguirá ahí mañana, pero sabiendo que yo volveré a sonreír aunque lo haga. Darlo todo, sin saber si tendré que echarle mucho de menos algún día, pero sabiendo que no me arrepentiré de nada por haberlo querido así ahora. Darlo todo porque existo, porque soy, porque estoy. Darlo todo porque una vez no lo di y de eso sí que me arrepiento. De no aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida, de no saber ver que el mejor momento para hacer algo es siempre el que tenemos delante.
Así que ahora sí.
Ahora lo intento.
Me dejo conocer.
Me entrego.
Me voy.
Me pierdo.
Te encuentro.
Ahora, y no cuando sea tarde.