domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Soy yo? ¿Soy yo el problema?

A veces me pregunto si soy yo el problema. Si soy yo el quiz de la cuestión que hace que todos se vayan, que me dejen. Incluso los que pensé que jamás lo harían. Por los que puse la mano en el fuego más de una vez, por los que me dejé (y me volvería a dejar) la piel. A veces pienso que quizá es que yo pido demasiado, quizá exijo algo que ellos no pueden darme, quizá me paso de lista. O quizá creo que no recibo lo que realmente merezco. Se trata de igualdad. El problema es que siempre espero de todo el mundo más de lo que me dan, espero de ellos lo mismo que yo doy y siento que nunca lo recibo. Sé que hay que dar sin esperar nada a cambio, lo sé. Pero es que a veces me siento tan sola que me gustaría que alguien me regalase un trocito de su valioso tiempo, que realmente me demostraran que están ahí para mí siempre, tal y como dicen, tal y como prometen. En las buenas y en las malas, en las duras y en las maduras. ¿Estoy siendo egoísta? ¿Realmente me dan todo lo que tienen pero yo no sé valorarlo o no me doy cuenta? ¿Soy yo la mala de la película o lo son ellos? ¿Y por qué siento que nunca sabré la respuesta a estas preguntas? ¿Por qué siento que nunca nadie va a dar lo suficiente por mí? ¿Por qué me siento como un bicho raro a punto de explotar? Siento que soy yo siempre la que consuela a los demás, la que inventa tiempo y lo saca de donde no lo hay para ellos. Incluso cuando soy yo la que necesita una vía de escape. Quizá el problema es que no lo pido, es que no lo grito lo suficientemente alto. O quizá ellos creen que todo va bien, quizá soy muy buena fingiendo. Quizá me merezco un Óscar. O quizá lo saben y les da igual.

Les da igual.

Pocas cosas pueden doler tanto como darte cuenta de que, por mucho que tú des por unas personas, nunca vas a recibir lo mismo de ellos. Nunca. Porque les da igual.

Y lo peor es que a ti ellos jamás te darán igual. Porque siempre seguirás esperando todo lo mejor de ellos, todo lo bueno, todo lo que puedan darte pero que, al parecer, nunca te darán.





miércoles, 2 de septiembre de 2015

Nada de vodka y una madrugada.

¿Sabes qué? He vuelto a hacerlo. He vuelto a dedicarte tiempo de mi vida. Creo que ya me estoy acostumbrando. Lo invierto en ti. O lo pierdo. No estoy segura aún. Pero el caso es que lo hago. Y pienso. Pienso mucho. En ti, en mí, en nosotros. Y me doy cuenta de muchas cosas, y aprendo, y reinvento, y vuelvo a compartir mis pensamientos con la Luna, que últimamente es mi única compañera.
Es cierto eso de que tu vida puede cambiar en cuestión de segundos. Y eso de que con tan sólo unos segundos de valentía podrías tomar una decisión que, para bien o para mal, implica ciertos riesgos. Esos segundos en los que por tus ojos pasa tu vida, pasan todas las posibilidades, todos los caminos que tu vida podría tomar, la alegría o tristeza de tu corazón, la carcajada nerviosa o el anhelo de un abrazo. Todo en tan sólo unos segundos. Unos segundos que se viven por y para impulsos, de esos que sólo los valientes se atreven a usar de verdad. Segundos de tirar hacia adelante y moverse, de no quedarse estancado, de nunca mirar hacia atrás. Segundos de pensar "es ahora o nunca". Segundos que te cortan la respiración, que te hacen pensar que te vas y que contigo se van millones de cosas que dejas por hacer. ¿Y sabes qué es lo peor? Que esos segundos normalmente se basan o provienen de las cosas más estúpidas...


Como querer hablar contigo, como querer saber de ti, como querer-te(nerte), como que me quieras, como desear que me eches de menos... Incluso si es sólo por una última vez.

viernes, 28 de agosto de 2015

Algo de vodka y una madrugada.

Algo de vodka y una madrugada fue todo lo que tuve cuando no estabas junto a mí. Fue todo lo que tuve mientras esperaba que vinieses por última vez. Y, como mi mente no dejaba de darle vueltas a todos nuestros momentos, decidí dejar que la inspiración se apoderase de mis dedos... Y decidí escribir todo lo que siempre quise decirte. Decidí compartirlo con la luna para saber que al menos alguien lo tenía claro. Este fue el resultado.

Y que siempre recuerdes,
que a pesar de todo,
de las idas y venidas,
de los ahora sí y de los ahora no,
de no haber dado todo,
yo quería intentarlo,
quise
y sigo queriendo,
y probablemente siempre quiera,
por haber dejado a la mitad
lo que siempre quise entero.
Del todo.
Hasta el final.
Con dos cojones.
Porque así debería ser siempre, ¿no?




martes, 4 de agosto de 2015

Por ese casi que nunca es suficiente.

Qué idiotas fuimos. Qué idiotas somos. Por creer que el tiempo siempre corre en nuestra contra, por echarle la culpa a él. A él, que lo único que hizo fue darnos tres oportunidades. Una más de las que merecíamos. Qué idiotas fuimos por haber tenido el momento perfecto y haberlo dejado ir. Qué idiotas, joder. Por creer que nos sobra vida, tiempo y espacio. Por pensar que tendremos otra oportunidad, que aquel momento que dejamos escapar volverá. Que volverá así de la nada, sin intentarlo si quiera, sin luchar por que vuelva. ¡Como si nos lo mereciéramos! Qué idiotas fuimos. Qué idiotas somos. Por habernos echado de nuestras vidas, por no haber suspirado una vez más, por despedirnos sin un último adiós. Por no haber dicho todo lo que nos quisimos decir, por no haber soltado todo lo que ahora se nos atraganta. Por no haber sabido controlarnos, por habernos dejado ir un poco más lejos de nuestra zona de confort pero sin llegar a ser lo suficiente, por ese "casi" que ahora está más cerca del "jamás". Qué idiotas fuimos. Qué idiotas somos. Por el miedo a discutir, por el terror a las consecuencias, por haber huido del problema que podía haber sido nuestra única solución. ¡Pero qué idiotas! Sobre todo por no haber hecho lo que realmente queríamos, lo que realmente deseábamos, lo que tanto habíamos esperado. Por no haber aprovechado esos tres momentos que la vida nos regaló, por seguir creyendo que quizá habrá otro o que quizá nunca tenga que haberlo, por rechazar el mejor regalo que la vida y esas noches nos podrían haber dado. Qué idiotas, qué idiotas... Por no saber arriesgar, por haber dado un paso hacia adelante y cuatro hacia atrás, por no saber qué decirnos después de tantos años, por haber perdido toda aquella confianza sin pensarlo dos veces, por... Por habernos querido pero no haber sabido demostrarlo, por no necesitarnos como antes. Y qué idiota, sobre todo yo, por escribir sobre ti, por pensar en ti, por seguir esperando ese momento, por ver cómo mi corazón se desgarra cada vez que oye tu nombre. Qué idiota fui, qué idiota soy y qué idiotas seremos si seguimos así. 

Last goodbye...