miércoles, 2 de septiembre de 2015

Nada de vodka y una madrugada.

¿Sabes qué? He vuelto a hacerlo. He vuelto a dedicarte tiempo de mi vida. Creo que ya me estoy acostumbrando. Lo invierto en ti. O lo pierdo. No estoy segura aún. Pero el caso es que lo hago. Y pienso. Pienso mucho. En ti, en mí, en nosotros. Y me doy cuenta de muchas cosas, y aprendo, y reinvento, y vuelvo a compartir mis pensamientos con la Luna, que últimamente es mi única compañera.
Es cierto eso de que tu vida puede cambiar en cuestión de segundos. Y eso de que con tan sólo unos segundos de valentía podrías tomar una decisión que, para bien o para mal, implica ciertos riesgos. Esos segundos en los que por tus ojos pasa tu vida, pasan todas las posibilidades, todos los caminos que tu vida podría tomar, la alegría o tristeza de tu corazón, la carcajada nerviosa o el anhelo de un abrazo. Todo en tan sólo unos segundos. Unos segundos que se viven por y para impulsos, de esos que sólo los valientes se atreven a usar de verdad. Segundos de tirar hacia adelante y moverse, de no quedarse estancado, de nunca mirar hacia atrás. Segundos de pensar "es ahora o nunca". Segundos que te cortan la respiración, que te hacen pensar que te vas y que contigo se van millones de cosas que dejas por hacer. ¿Y sabes qué es lo peor? Que esos segundos normalmente se basan o provienen de las cosas más estúpidas...


Como querer hablar contigo, como querer saber de ti, como querer-te(nerte), como que me quieras, como desear que me eches de menos... Incluso si es sólo por una última vez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario