martes, 23 de febrero de 2016

Esos vaqueros igual de rotos que entonces.

Hacía un tiempo que no pensaba tanto en ti antes de dormir. Y me sentaba bien. Sin embargo, sin saber muy bien cómo ni porqué, hoy volví a caer. Volví a caer en esa red de pensamientos que llevan tu nombre, esos que son imposibles de desenredar. Más revoltosos que mis rizos. Mírame, perdida en tu laberinto. En ese que parece que creaste para mí. Dicen que todos los caminos llevan a Roma pero yo les digo que a mí, todos me llevan hasta ti. Y que no hay forma de escapar, aunque, a decir verdad, tampoco lo he intentando demasiado. El caso es que hoy volví a estar en el centro; por unos momentos, volví al principio. Y aunque no dolía tanto como el primer día, dolía bastante.
Hoy, cuando desperté, volví a pensar en ti. Llevé puestos esos vaqueros que tanto te gustaron en su día. Los volví a ver igual de rotos que entonces, aunque en aquellos momentos tú llenabas esos descosidos y me parecían el mejor escondite del mundo. Unos descosidos que sólo arreglabas tú, que sólo completabas tú. De la misma forma en que hacías conmigo. Hacía bastante tiempo que no me los ponía pero, por alguna razón, sentí esas ganas. Una mezcla entre felicidad, nostalgia y tristeza. Demasiados sentimientos para algo menos de doce horas. Eran mis favoritos antes de que tú los hicieras tuyos aquella noche. Y lo fueron aún más al día después, cuando supe a ciencia cierta que una parte de ti ya me pertenecía. Y lo fueron también aquella noche tiempo después en la que yo pensaba que ya te habías alejado lo suficientemente de mí para no volver a tocarlos. Pero lo hiciste. Y entonces supe que aquellos pantalones serían más tuyos que míos por el resto de mi vida. Es raro, y no sabría explicar muy bien el porqué, pero aún siento tus manos cuando los llevo. Quizá por eso actualmente también son de mis favoritos. Porque, aunque no te tenga a ti, ahora tengo esa parte de ti que me diste aquellas dos noches. Aún siento tu tacto, aún te siento a ti. Podría decir que aún siento tus caricias, aún siento el frío que tú hiciste desaparecer, aún siento los escalofríos que notaba sólo de tenerte tan cerca. Y aunque no sea real, aunque sólo sea una sensación, aunque no dure eternamente... Menos es nada, o eso dicen. 

sábado, 13 de febrero de 2016

Prometo.

Eye Of The Tiger de Survivor sonando de fondo y una taza de café en la mano. Empieza a ser bueno eso de tener un objetivo, empieza a ser bueno eso de querer perseguir algo con muchas ganas. Bueno, supongo que siempre ha sido bueno. Y siempre lo será. Pero, joder, ¡cómo cuesta a veces no derrumbarse a mitad de camino! Cómo cuesta levantarse y seguir como si nada, cómo cuesta hacer frente a nuestros mayores miedos, cómo cuesta mirar cara a cara al fracaso, saludarle y decirle "hoy no, pero mañana tampoco". Pero es lo que tenemos que hacer: rechazarlo continuamente. Porque al menos yo, estoy muy cansada de encontrarme todos los días con él a la vuelta de la esquina, persiguiéndome, acechando en los recovecos más ocultos de mi mente, interviniendo en mis sueños hasta convertirlos en pesadillas... Y todo eso sin pedir permiso. Pero es que el miedo, el fracaso, la inseguridad... Todos ellos son así. Y es que es cierto eso de que el miedo es el peor (o de los peores) enemigos del ser humano. Porque están en nuestra vida sin que podamos evitarlo, desde que nacemos hasta que damos nuestro último suspiro. Y nos hacen perder tantísimas cosas que si te paras a contarlas, necesitarías otra vida. Es tan triste como real. Por eso necesitamos levantarnos y luchar todos los días contra esos monstruos de nuestras cabezas, y contra los que se esconden debajo de nuestra cama también. Contra todos y cada uno de ellos, hasta que de verdad nos sintamos más fuertes, más reales, más vivos que nunca. Y, ¿por qué no?, más poderosos, más seguros. Y yo, a día de hoy, prometo hacerlo. 

Prometo levantarme con la mejor de mis intenciones.
Prometo evitar todos los pensamientos negativos posibles que tenga a lo largo del día.
Prometo luchar y dar todo de mí en cada momento para estar cada día un poco más cerca de mi objetivo.
Prometo invertir cada granito de arena por muy pequeño que sea para acercarme a mis sueños.
Prometo disfrutar por el camino en la medida de lo posible.
Prometo tener prioridades.
Prometo pensar más en mí.
Prometo ser perfeccionista, ser ambiciosa, nunca conformarme con lo que está bien cuando puede ser mejor.
Pero, por encima de todas estas cosas, prometo sobre todo irme a dormir siempre con un sueño y sentir que cada noche que pasa estoy un pasito más cerca de él.

(Y espero que vosotros hagáis lo mismo. Nunca es tarde; y "ningun sueño es demasiado grande, ni ningún soñador demasiado pequeño").