sábado, 1 de febrero de 2014

Hey, soul sister.

¿Por qué cuesta tanto abrirse a alguien? ¿O por qué cuesta tan poco abrirse a alguien pero tanto cerrar esa herida que nos dejan con el paso del tiempo?
Cada vez que nos abrimos a alguien y le entregamos una parte de nuestro corazón le estamos entregando una parte de nosotros mismos que probablemente nunca podramos recuperar... Ellos se quedan con ese trocito de corazón: unos lo retuercen y aprietan hasta que ese trozo deja de bombear sangre, otros lo cuidan y acarician y le dan parte de su sangre para que siga funcionando, otros simplemente lo tiran a la basura y otros lo dejan en una estantería para no perderlo nunca pero tampoco para acordarse de él...
Cada vez que nos abrimos a alguien y le entregamos una parte de nuestro corazón le estamos dejando entrar en nuestra vida, le estamos dando un poder que será sólo suyo y tendrá dos opciones: usarlo bien o usarlo mal. Si lo usan bien, nadie hará daño a nadie y se disfrutará de esa compañía como si no hubiese mañana. Si lo usan mal, todos se harán daño y se querrán destrozar hasta que no quede ni rastro de ninguno...
La gente siempre nos deja, siempre dejan un hueco en nuestro corazón cuando se van. Es cierto.
Pero a veces se nos olvida que hay gente que sabe volver. 
O aparece otra gente que llena ese vacío. (Aunque he de decir que nunca lo pueden llenar del todo pues cada persona es un mundo distinto)
El caso es que... Por mucho que la gente nos haga daño y se vaya siempre acabamos abriéndole nuestro corazón y la puerta de nuestras vidas a alguien... A alguien nuevo o a uno que se fue pero supo cómo volver. 
El mundo sigue siendo redondo.
Y gira.
Y gira.
Y no va a parar por ninguno
de nosotros.

Y llegó el último segundo de la canción...

No hay comentarios:

Publicar un comentario