miércoles, 15 de abril de 2015

De decepciones y de ilusiones y de intentos y de riesgos; en busca de la felicidad.

Hoy decidí soltar un suspiro por cada decepción que me he tragado últimamente y lo triste es que podría pasarme toda la noche suspirando hasta quedarme sin aire así que, para que no resulte tan absurdo, he decido dar un trago al vaso de agua que tengo a mi lado y soltar en el siguiente suspiro todas las decepciones juntas. Todas las decepciones idas en un suspiro. Inspirar, expirar. Retener, soltar. Soltarlo todo. Eso es lo que necesitaba. Por eso buscaba alguna sencilla forma de hacerlo. Y, bueno, no sé. No ha dado gran resultado pero supongo que esto lleva su tiempo. Que como dicen, la felicidad no es algo que se consiga de un segundo a otro, sino que es un estilo de vida que se forma pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa. Es un proceso continuo lleno de ilusiones. Ilusiones en vez de decepciones. Y de sueños, tanto grandes como pequeños. De pensamientos que nos sacan una tímida sonrisa cada vez que cruzan nuestra mente. Por eso, voy a guardar todas las ilusiones en una caja fuerte y a seguir soltando las decepciones en cada suspiro evitando que lleguen a mi corazón, haciendo que se alejen de mí lo antes posible. Porque he comprendido que es una pérdida de tiempo intentar analizar los porqués de cada situación, que no llevan a ningún camino seguro, que sólo hacen que tropiece una y otra y otra y otra y otra (¿lo habéis pillado ya, no?) vez con la misma maldita piedra que parece no desintegrarse nunca; que no merece la pena malgastar el tiempo en cosas que nos comen por dentro, que nos desgarran, que arañan los corazones poco a poco hasta que escuecen tanto que queman día y noche. Por eso, voy a procurar centrarme en las cosas positivas y alejar la negatividad de mi mente. Porque a fin de cuentas, todo está ahí, en nuestra mente. Y nuestro objetivo es controlarla y evitar que el proceso sea a la inversa. Porque la mente y el miedo son dos de los mayores enemigos del ser humano. ¡CUIDADO! Os estoy advirtiendo. Y os hablo desde la experiencia. Y sí, sé lo que estáis pensando... "Es muy fácil decirlo pero tan complicado de llevar a cabo...". Cierto. Tenéis toda la razón. Por eso lo escribo aquí, para intentar recordármelo. Supongo que el caso es intentarlo; que en eso consiste la valentía y, lo consiga o no, al menos lo intentaré. Porque la vida es intentar, es arriesgar, es probar. Que el tiempo es corto, y pasa, y vuela, y se va sin que nos hayamos dado cuenta, y sin que hayamos intentado, y sin que hayamos arriesgado, y sin que hayamos probado. Así que... No os desaniméis, no os rindáis. La felicidad puede estar a la vuelta de la esquina (o eso suelen decir). Porque cuando durante un tiempo nos ha ido muy mal, la vida luego nos regala cosas buenas. Es un intercambio de favores. Sonreíd y la vida os dará más razones para seguir haciéndolo. 
Intentad.
Arriesgad.
Probad.
Sonreíd.
Sed MUY felices.



martes, 7 de abril de 2015

"¿De qué material está hecho el amor?"

Una vez alguien me preguntó que de qué está hecho el amor, que cuál era su principal material y yo no contesté. ¿Que por qué? Porque no sabía la respuesta. Desvié mi mirada hacia abajo, me mordí el labio y sonreí para mí misma. Pensé en lo bonito que es el amor pero lo infeccioso que puede llegar a ser. No sabía la respuesta y creo que realmente nunca llegaré a saberlo del todo. Porque el amor no está hecho de un material, sino de algo abstracto. De millones de cosas abstractas. Y supongo que nunca llegaremos a conocer ni la mitad. Pero es bonito pensar que se trata simplemente de un sentimiento que nos rodea allá donde vayamos. Creo que está hecho sobre todo de los besos que consiguen parar el tiempo, de las caricias que nos estremecen y ponen los pelos de punta, de los abrazos que damos sin sentirnos incómodos sobre cuánto tiempo puedan durar, de las sonrisas de complicidad que alegran cualquier día, de las miradas sin querer queriendo y de esas risas a mandíbula batiente que te dejan agujetas al día siguiente. Quiero creer que eso es el amor. Que es sentirse agusto incluso en silencio, que es una persona fundamental en nuestras vidas, que es sentirse querido y tener ganas de querer, y de vivir, y de compartir, y de necesitar personas. Que es la principal cualidad que un ser humano debe poseer. Debemos amar por encima de todo. No sé de qué estará hecho el amor, aunque una cosa es segura y es que es tan poderoso que puede llegar a destruir con mucha facilidad pero sanar de la misma forma. Deberíamos tratarlo mejor y dejar de despreciarlo tanto. Porque la vida es amor. Y amar es vivir. Por mucho que nos empeñemos, no hay mejor forma de vivir que amando. Amando mucho y muy fuerte, con ganas. Porque de eso también está hecho el amor: de ganas desgarradoras que nos queman por dentro, de fuerza que nos hace guerreros, de pasión, de sangre hirviendo, de gotas de sudor, de sueños en familia, de locuras entre amigos, de rincones guardados entre las sábanas, de canciones que nos recuerdan a personas. En resumen, creo que el amor está hecho de todo aquello que nos haga sentir más vivos que nunca. Y, a fin de cuentas, es lo que más necesitamos.





sábado, 21 de marzo de 2015

Quizá esa sonrisa tenía que ser la última.

Dicen que en esta vida, al final del camino, lo más importante eres tú. La única persona que te queda eres tú. Que por eso a veces no está bien encariñarse con la gente, que a veces es mejor no querer. Para evitar ese sufrimiento tan innecesario. Pero, joder, ¿por qué no te dicen cómo evitar querer a alguien? ¿Cómo se hace eso? ¿Qué es eso de no querer, de no amar? A mi parecer es imposible. Es imposible no tener las ganas de abrazar a una persona que te ha hecho sonreír cuando más lo necesitabas. Que toda acción necesita su agente, y que si no tenemos agente, los pacientes nos morimos. Es imposible no mostrarle cuán importante es para ti, es un acto reflejo. Lo hacemos sin pensar. Porque sí, porque nos sale, porque a veces necesitamos gritarle al mundo entero que somos felices, que es gracias a ellos y que queremos darles las gracias. Es imposible no querer a nadie, así como no mostrárselo de vez en cuando tampoco. Se nos escapa esa sonrisilla de complicidad, esa mirada que se sonroja y se desliza hacia al suelo mientras piensa "gracias, ahora estoy mejor".
Pero es que, en el fondo, tienen razón esos que dicen que al final sólo nos tenemos a nosotros mismos. Porque a fin de cuentas, tristemente, la persona que abraza la almohada por la noche eres tú; la persona que te aguanta veinticuatro horas al día siete días a la semana, eres tú; la persona a la que ves en el espejo nada más levantarte, eres tú; esa persona a la que le diriges las cartas que escribiste pero nunca enviaste, en el fondo, eres tú. Que en un futuro, quizá, la persona con la que ahora te ríes, sea un desconocido; la persona a la que ahora abrazas; sea un desconocido; la persona a la que ahora besas, sea un desconocido; la persona a la que ahora le dices "gracias", quizá (sólo quizá) te acabe diciendo "adiós".; porque, quizá, aquella sonrisa tenía que ser la última. Sin embargo, tú, con tus más y con tus menos, con los errores que fueron experiencias y con las locuras que fueron aventuras, seguirás siendo tú y seguirás estando ahí para ti. Así que, piensa en esto y hazle un favor al mundo: quiérete un poquito más, mímate de vez en cuando. Es un asco sentirse solo, pero a veces viene bien estar en soledad. Porque, en el fondo, tú eres lo que más necesitas para sentirte vivo y ése es un derecho que nadie te puede quitar.


miércoles, 18 de marzo de 2015

Be the change you want to see in the world.

Llevaba casi un mes sin escribir. Creo (o supongo) que es porque estaba más o menos feliz. Feliz en el sentido de que estás de buen humor aunque no sepas muy bien por qué, aunque haya pequeñas cosas que te quieran molestar y te arañen el corazón por dentro. Aunque sepas que están ahí, haces como que las ignoras, levantas la cabeza y estás "más o menos feliz". Así estaba yo. Estaba. ¿O estoy? No lo sé. Creo (o supongo, de nuevo) que cuando pasa un tiempo las cosas acaban cayendo por su propio peso y explotan. Explotan de tal manera que hasta la más mínima cosa nos hace daño. Desconozco la razón pero creo que estallan porque llevas tanto tiempo ignorándolas que ellas, esas pequeñas cosas malas, se sienten mal también. Porque a nadie le gusta ser ignorado. Y es entonces cuando tienes que hacerles caso, cuando tienes que prestarles atención, cuando tienes que centrarte y empezar a agobiarte. Porque eso es lo que hacemos la gente buena (puedo sonar hipócrita o egocéntrica pero es que hay tanta maldad a mí alrededor que realmente me considero muy buena persona): por mucho que queramos pasar de un problema, de una persona, de una pequeña cosa mala, no podemos. Porque siempre le damos más importancia de la que debemos a todo. Porque esas pequeñas cosas se hacen grandes, nos comen con mucha facilidad. (Bueno, no es que hagamos demasiado por impedírselo, vaya). Porque cuando llevamos tanto tiempo guardándolas en un cajón, un día llegamos a casa y vemos que ese cajón ya no cierra por toda la mierda que hay en él y que, queramos o no, nos dé miedo o no, tenemos que empezar a limpiarlo sí o sí. Para que no nos convirtamos en basura, para que no seamos como ellos quieren que seamos. Debemos impedir que sus sucias motas de polvo, sus pequeñas bromas de mal gusto, sus indirectas malsonantes y todo lo negro de su vida llegue hasta nosotros y nos convierta en lo mismo que a sus dueños. Porque no somos robots, porque no queremos ser así de sucios, así de oscuros, maliciosos y perjudiciales. No queremos ser malos. Ellos son como el tabaco de perniciosos y van en grupos, en pandillas, sin separarse. como los cigarrillos. Llenos de mierda que envenena tu cuerpo a cambio de cuatro "jijis, jajas" que además de ser mentira, suelen ser a costa de alguien. Y luego estamos nosotros, que somos la nicotina, un parche por cada persona y, normalmente, acabamos tirados en el sitio que más cerca les pille porque somos demasiado buenos para su salud y ellos saben controlarse. Ellos no controlan una mierda. Ellos hacen daño y lo peor es que les da igual. Por eso, desde lo más profundo de mi corazón, quiero deciros que por muy mal que os haga sentir alguien a veces, no os convirtáis en ellos, no os rebajéis a su nivel, no critiquéis, no juzguéis. Y termino con una de mis citas favoritas:

Sed el cambio que queréis ver en el mundo.