viernes, 17 de junio de 2016

(Champagne problems).

Chin, chin. 
No sé por qué estoy brindando, si no tenemos nada que celebrar. No sé por qué hoy, no sé por qué ahora. Simplemente se me ha venido tu recuerdo a la cabeza, como de costumbre, y he pensado que, en vez de ahogar mis penas en alcohol y llorar por lo que no fue, voy a sacar a relucir lo bueno y brindar tranquilamente por aquel adiós.
Voy a brindar por lo que vivimos, por lo que sentimos, por lo afortunados que fuimos al tener esta historia. Tres oportunidades por falta de una, y aun así, no supimos hacerlo bien. Qué bien reparte las cartas a veces el destino y qué mal supimos jugarlas. Y aunque nunca se sabe cuándo puede llegar otra partida, todo pasa por algo, ¿verdad? Y por ello, es hora de que empiece a ver el final de nuestra historia como el paso correcto que tuvimos que dar antes que como un drama propio de Shakespeare. Ya vale. Ya está. Hasta aquí.
He pensado que sería buena idea brindar sin ti pero por nosotros. Porque contigo no puedo, aunque sabes perfectamente que te invitaría si pudiese. Te invitaría si fueses a venir. Si por algún motivo supiera que a ti también te parece buena idea esto de brindar por nosotros. Porque tanta confianza es muy difícil de construir y nosotros tuvimos la suerte de hacerlo; la suerte y las ganas. Aunque a veces hacen falta más ganas y más suerte para preservarla con el tiempo. Y eso no lo hicimos tan bien. Pero el caso es que disfrutamos de ello durante muchos años. Y con eso es con lo que debo quedarme. Con las risas que nos echábamos, con los secretos que compartimos, con esas cosas que yo nunca contaré sobre ti y esas cosas que espero que tú nunca cuentes sobre mí; con la amistad, el cariño,  el tiempo compartido, mi vodka y tu ballantines (aunque he oído que ahora pruebas más cosas), con tu música eléctronica y con tu rap, con mi pop y mi R&B, con nuestras canciones. Esas canciones que fueron de los dos en algún momento. Esas que no hablaban de amor, esas que eran pura diversión. Esos chistes entre dos. Esas palabras breves pero acertadas. Esos abrazos que lo curaban todo. Esa complicidad entre miradas. Esos susurros a escondidas. Esa ruptura con las normas. Todos esos momentos que ahora se quedan en el aire y que yo no dejo de recordar, todos esos momentos que yo espero que tú también recuerdes.
He pensado que sería buena idea brindar por algo que mucha gente desearía vivir en su vida, aunque fuese tan sólo una vez, aunque tuviese un final amargo. Lo importante ha sido sentirlo, lo importante fue vivirlo. Y, aunque no sé si tú lo recuerdas tanto (y tan bien) como yo, voy a darle otro trago a este champagne por ti también. Por esa persona que conocí y a la que en algún momento de su vida le importé mucho. Casi tanto como él me importó a mí. Y con eso me quedo.
Chin, chin.